La tendencia de la comida food truck llega a la tierra del Quijote en una popular concentración celebrada en Alcázar de San Juan

Gastroneta, camión restaurante y sobretodo food truck, como más popularmente se las conoce en todo el mundo. Desde hace unos años, han pasado a formar parte de la estampa urbana de cualquier ciudad mundial.

Son rápidas, agiles para el frenético consumo de las grandes ciudades, (donde el tiempo es oro a la hora de probar un bocado entre largas jornadas laborales) y el público de los millennials acostumbra demandar sus productos, rompiendo el cliché de las buenas formas sentadas a la mesa.

 

 

En lugares de mayor afluencia turística, la comida food truck soluciona las veces de un almuerzo entre monumentos, guías, largas colas de museo e instantáneas réflex  (o selfie en la versión más vulgar) captadas sin resuello.

Su flexibilidad espacial y temporal les permite también llegar a puntos masivos de gran confluencia de personas como las salidas de un concierto o los aledaños de un estadio deportivo.

 

Pero como la gastronomía es tendencia, es moda y en definitiva cultura para el paladar de quien la demanda, los food truck han dejado de ser aquel puesto de comida ambulante (y literalmente sobre ruedas) que salía al paso para ofrecer un perrito, una hamburguesa o cualquier otra comida de vocación transeúnte.

 

 

Han sido muchos los cocineros  que han emprendido su vocación sobre ruedas para lanzarse a la aventura de los food truck. El ingenio sobre ruedas, cómodo para el proveedor; más aún para el consumidor que elige a la carta cuando y sobretodo donde disfrutar el plato adquirido.

De comida rápida a propuestas gourmet

Itinerantes y flexibles muchos de los food truck han sabido desplegar una variada gama de productos e incluso especialidades temáticas por países.

Es más, aquellos nostálgicos de la estética vintage pueden disfrutar de un postre más retro que les lleva a recordar las primeras food truck de los años 50 o 60 en el florecer del consumo de masas americano.

 

 

Fue el caso de la última concentración food truck realizada en Alcázar de San Juan durante el último fin de semana de mayo. Una decena de propuestas (con platos y carrocerías de lo más variado) hicieron el interés de los presentes con platos que superaron la tradicional hamburguesa. Desde ideas más temáticas  de acercar los sabores de la cocina peruana hasta el vacío de ternera de recuerdos más argentinos. Todo ello, además, saboreado en el corazón de La Mancha, para gusto y contagio de aquel que también quiso acompañar las vituallas con algún vino de La Mancha. Como diría, el fiel escudero Sancho Panza, “de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas regaladas, ni manjares exquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios

 

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