• Los blancos, rosados  y tintos jóvenes deben ser consumidos en el año. Por ello debemos darle rotación antes que a los crianzas.
  • Los blancos fermentados en barrica y los criados en barrica pueden tener una vida más duradera.
  • Los tintos de crianza (crianza, reserva y gran reserva) y dependiendo del tiempo que haya pasado entre barrica y botella, pueden tener una vida aproximada del doble de su tiempo de crianza y siempre que hayan estado bien conservados.
  • En cuanto a los espumosos es mejor conservarlos en la bodega o en su defecto en el armario climatizador (a 12º C. van bien),  en frío solo un día antes de consumirlos para que no se deteriore el carbónico. Si es un reserva o gran reserva pueden aguantar más tiempo en nuestra bodega, si son jóvenes mejor tomarlos en el año (si podemos saber la fecha de degüelle mejor ya que en éstos no aparece añada).
  • Los vinos generosos y los dulces por ser vinos fortificados con alcohol vínico en su mayoría, pueden alcanzar una larga vida sin perder propiedades organolépticas.
  • Un libro de bodega para saber en que fecha nos entró el vino, los datos del vino (nombre, bodega, añada, fecha de adquisición, precio ó incluso otras notas como cata o calificación de la añada). Siempre teniendo en cuenta cada tipo de vino, si es de guarda o de consumo a no muy largo plazo, la variedad de uva con que ha sido elaborado (algunas variedades tipo Cabernet sauvignón o Petit Verdot son más longevas que otras) y las prácticas enológicas que le han sido sometidas entre otras variables.

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