De la cepa a la copa, historia de un vino tinto tempranillo en la Denominación de Origen La Mancha. Hoy, el relato continúa en la vendimia

Hoy, por fin, llegaron. Venían alegres, de buen humor. La pude observar antes en parcelas vecinas. Cuadrillas vendimiadoras cortando el fruto de todo un año. Incluso, no muy lejos,  en bramido metálico de nerviosa cinta, algunas de mis primas blancas están siendo recogidas con celeridad, nocturnidad y premeditado cálculo en máquinas. Dicen que así es más rápido y además llegamos a bodega, al alba, más fresquitas.

La variedad cencibel o tempranillo es la variedad tinta más cultivada en La Mancha
La variedad cencibel o tempranillo es la variedad tinta más cultivada en La Mancha

 

Pero no aquí. Soy de porte bajo, fui plantada en vaso y aunque los años (y generaciones) merman mis fuerzas, resisto inviernos, ásperas primaveras y aún más los cálidos veranos manchegos. No redundo en abundancia pero la sangre que vierten mis hollejos es pura, intensa y roja, “con veinte puntos de color”, como afirma César.

Llevo casi una centuria renaciendo en la vid(a), cómplice en los desvelos viticultores de vendimia y comprendo bien a todos aquellos que miran con recelo las lluvias de septiembre, y temen las tormentas de torrente y piedra en los postrimerías de agosto.

Pero, hoy, no ha sido el caso. Lucio, caporal con casi una década de campañas en sus costales, los dirige con determinación, con la premura de septiembre, cuando el fruto no espera. Llegó temprano con su cuadrilla, cuando el sol apenas mesaba las verdes mejillas de la pámpana, protectora de vientos, hielos y tórridas sobremesas de verano.

 

Manos curtidas de otoño y vendimia. Raudas y atentas, con gesto mecánico pero cuidadosas en no lastimarnos, presurosas e inquietas por asirnos enteras.

Con susurro de metal, y frío corte de mañana, he sido, hoy por fin, vendimiada.

Después llegó la pausa, el almuerzo, entre risas, bromas y algún chascarrillo descansó la cuadrilla. Son costumbres que a los más jóvenes he visto perder. Yo, que he visto tantas vendimias, a veces, no los comprendo. Ahora, son autómatas que sumergen su receso entre pantallas de móvil para intercambiar fotos y canciones.

Son pocas hectáreas y los años de larga vid(a) no dan para más tiempo. Llegaré pronto junto a mis hermanas en racimos maduros y dulces al lagar de la bodega.

Pero todavía no soy vino, soy promesa de fruto y jugo. Pronto dormiré en depósito para macerar mi virtud de fruta, para gritar, quedamente, mi nombre a la campaña: todavía no soy vino, soy uva, soy cencibel, aunque me llaman tempranillo.

Sigue toda la historia aquí:

Diario de un vino (I): listas y maduras

Diario de un vino (III): para quitarse el sombrero

Diario de un vino (IV): de aquel milagro y levadura

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