Patricia Magaña @patiboom

En los años 80, Zara (Inditex) revolucionó su sector con una innovación de carácter estratégico, que son esas innovaciones que tienen la “fea” costumbre de cambiar las reglas a todo el mundo. Hasta que aplicó su “just in time” (justo a tiempo), la moda estaba marcada por empresas de marcas conocidas y productos de alta calidad y precio, que una vez “pasadas de moda”, se apolillaban en los armarios y forzaban a sus consumidores a volver a las tiendas con sus carteras llenas.

Zara creó las “colecciones vivas”, diseñadas, fabricadas, distribuidas y vendidas con la misma rapidez con que la volubilidad de los clientes modifican sus gustos. Y por supuesto, más baratas, lo que propició que unos productos considerados “de lujo”, accesibles a unos pocos, llegaran y se popularizaran entre la clase media.

Una industria basada en la oferta pasó a estar basada en la demanda, y supuso un verdadero terremoto en un mercado dominado por las grandes firmas francesas e italianas (Dior, Chanel, Dolce Gabanna, Valentino, etc).
La revolución de Zara, que se estudia como caso de éxito en las principales universidades y escuelas de negocio de todo el mundo, llega ahora a los caldos de la mano de la DO La Mancha, que al contar con la mayor producción del mercado y abaratar sus procesos de forma eficiente, está revolucionando el mercado al extender la base de demanda de vinos de altísima calidad con precios populares a prueba de crisis. Los vinos manchegos suponen a la cultura vitivinícola lo que el Zara de Amancio Ortega supuso a la moda: la revolución de los consumidores. ¿Es el vino de La Mancha el Zara de los vinos?

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