Flores manchegas en la mesa

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Dulce tradicional que acompaña las tardes de sobremesa en numerosos hogares españoles, las flores tienen asociado su consumo al final del invierno, con la llegada de las de las fiestas de Carnaval y también la propia Semana Santa.

Su aparente decoración, con forma florada, no pasa de ser puramente estética. En realidad, las flores son muy sencillas de elaborar, con ingredientes también muy básicos (como sucede en muchos platos de la gastronomía manchega):

Ingredientes

  • 1 huevo grande.
  • 175 gr. de harina .
  • Leche
  • Azúcar para rebozar.
  • Aceite para freír.
  • Canela y/o anís (opcional)

 

+ molde para freír

molde para las flores

 

Forma parte del recetario popular manchega, habiendo pasado de generación en generación en los fogones.

Elaboración

Para su preparación, seguimos los consejos de Mª Nieves Fernández-Baillo, vecina del municipio manchego de Herencia, en la provincia de Ciudad Real, donde por cierto, celebran muy intensamente sus fiestas de Carnaval.

“Por cada huevo que se usa para la receta se añade medio cascarón de
leche y un cucharada sopera colmada de harina. Se bate bien. Se pone el aceite de oliva al fuego y este debe cubrir el molde. Cuando está caliente el aceite, se moja el molde en la mezcla sin llegar a cubrir todo el molde para que al freírlas se desprendan del molde
Una vez fritas se sacan y se rebozan en una mezcla de azúcar y canela, o anís, dependiendo del gusto y paladar de cada uno.”

 

flores manchegas

 

Lo cierto es que el origen es tan difuso como extendida está su cocina. Las flores manchegas inundan las mesas de los más golosos en estas fechas. Una similitud muy curiosa nos hace situar el origen en La Mancha, ya que la propia forma nos recuerda propiamente a la misma Cruz de Calatrava, Orden militar que desarrollo su máximo apogeo durante los años de la Reconquista, en la Baja Edad Media en el tercio sur peninsular, concretamente en la provincia de Ciudad Real, donde establecieron su base de operaciones.

 

cruz-de-calatrava

Hoy, nada tiene que ver con el significado religioso, y mucho menos belicoso. Comparten protagonismo en las casas manchegas junto a las torrijas, o el pestiño durante el carnaval, haciendo más  llevadera los tiempos austeros de la Cuaresma. Hay quien incluso no duda en dotar a las flores manchegas de un pasado árabe, como gran parte de la gastronomía castellana, profundamente imbuida de los siglos de permanencia en la Península.

Maridajes

Su consumo se vuelve casi irresistible entre horas,  a media tarde para merendar, o incluso en la sobremesa con el café. Es ahí, donde un vino blanco moscatel encontrará (con sus toques flores de miel) su perfecta armonía. Si eres de los que te gusta el cosquilleo suave y elegante del carbónico en tu paladar, un espumoso semiseco será el elegido.

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