Hay una película que destaca entre mis favoritas por una escena increíble, magnífica, digna de ser utilizada en la escuela de Hostelería, de esas que recuerdas a diario y que recomiendas por ser un detalle precioso en una película con tres Oscar de la academia entre sus más de cincuenta premios internacionales, no es otra que “La Vida es bella”  escrita y dirigida además de interpretada por Roberto Benigni.

guido de camarero en la vida es bella
guido de camarero en la vida es bella

La escena es cuando el protagonista Guido trabaja de camarero en un hotel y al terminar el día, el cocinero le pide que cierre solo, y le comenta dejarle un pescado en el horno para que cene, en esto que aparece un cliente inesperado a última hora, con hambre, y Guido sale del paso inmutable, acogiendo al cliente con la sonrisa del que te espera y desea agradarte, y con una habilidad magistral seduce al cliente, para que en lugar de pedir cualquier plato, decida tomarse el pescado, ese que Guido sabe está preparado y que le ahorrará tener que cocinar y perder tiempo.

Además la sugestión favorece el apetito, hace mas apetecible la vianda a degustar, una buena predisposición vende, y el resultado es un cliente realmente satisfecho de su elección y agradecido a la recomendación. En las cartas de vinos ocurre algo así, si el Restaurador predispone al cliente con un producto de calidad y el resultado está a la altura de las expectativas, indudablemente estamos ante un vino de la D.O. La Mancha, por su calidad, por su relación calidad/precio, porque son vinos que el volumen de ventas y la aceptación mundial hablan por si solos. Como Guido y su sonrisa, son la estrella de una buena carta de Vino.

Gastronómicamente vuestro
Salud y ¡mucha Mancha!

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