Mayo manchego, el canto a la fértil primavera

Revivimos la noche de rondas, en Pedro Muñoz, municipio de la provincia de Ciudad Real, capital del mayo manchego que celebra la entrada de la primavera con sus fiestas de interés turístico Regional

“Estamos a 30 de abril cumplidos,…mañana entra mayo…hermoso y florido”. Con un ritmo tan pegadizo como jovial y alegre,  mecido melosamente entre guitarras bandurrias y el calor entusiasta de los coros, la estrofa se repite dilatadamente entre las calles del municipio manchego. En gesto cortés con los llegados, la familia agasaja con un ágape a los presentes, aderezado con un buena zurra y  puñao. La escena se reitera de puerta en puerta, hasta completar la ronda de la reina y damas, bien entrada la noche. Nadie se siente forastero entre los vecinos pedroteños, que siempre reciben con cariño y amabilidad, un amistoso vaso de vino, a todo aquel que une su voz a los mayos.

Origen remoto en las primeras culturas

La primavera invita al contacto social, lúdico y (des)hibernado. Los zagales entonan la canción del ‘mayo manchego’ con lisonja y caricia a la primavera. Adulan a las mozas del pueblo, en su fertilidad, que brota y florece, como reclamo que emerge en el propio ciclo de la vida. Así lo explica José Juan Fernández, Primer Edil pedroteño, para quien el origen del mayo manchego tiene “su significado en una  tradición ancestral, y aquí lo que hacemos es cantar a la naturaleza a la llegada de la primavera, a la fertilidad en definitiva. Eso se representa cantando a las mozas, primero, a la Virgen de los Ángeles, como respeto por nuestra Patrona, y después a las mayeras, juveniles e infantiles. Es sobretodo un canto a la primavera, un canto a la mujer manchega”.

 

Mozos de cuadrilla, antes de cantar a la patrona

Mozos de cuadrilla, antes de cantar a la patrona

 

Una respuesta que acude desde la invocación al equinoccio de la primavera, una fiesta que hunde sus orígenes más estables en la Antigua Roma (como todas las celebraciones que cimentan su significado en la transición en el ciclo agrícola), griegas o incluso celtas. Existen referencias antropológicas en culturas tan dispares como Grecia, Francia o Suecia donde la fecundidad se ensalza como un valor primigenio.

 

La noche de ronda se acompaña de una zurra y también algún vino tinto para calentar las gargantas

 

 

Las fiestas en honor a la diosa Flora tienen un precedente muy similar al mito griego de Attis, Agditis y Cibeles, donde se ensalza el milagro fértil de la vegetación brotada. Una asimilación cultural que ha sido perfectamente adecuada al credo religioso. El Canto de respeto e invocación a la Virgen Patronal posee nítidos nexos de unión con las Fiestas de las Cruces, tan arraigadas en otras partes del geografía española. Una festividad que ensalza a la Cruz (castigo maldito en las fuentes clásicas), por el contrario signo de Gloria y Vida en los cristianos; toda una justificación cismática en el emperador Constantino y su madre (Santa) Elena que vincularon de por vida al Estado con la Iglesia (cimentándola con la leyenda de la vera Cruz).

 

Una simbología de muerte Nacimiento-Muerte-Resurrección en su triple vértice que constituye todo el armazón de la fe cristiana y que pese a todo encuentra un paralelismo con el ciclo de vida de la madre naturaleza: el grano que emerge y muere dando su fruto…o la propia vid que brota a la vida tras el letargo invernal.

 

 

Concurso de farolas

Entre zurra y puñao, los jóvenes se distribuyen en rondallas. A golpes de tambor, bajo los acordes de guitarra, recorren el jovial itinerario que marcan las casas de las mayeras. (Este año, además, se han reunido a todas las damas mayeras de cincuenta años de Mayo manchego en Pedro Muñoz.)

Unas rondas que vienen alumbradas por la inspiración de sus farolas, no en sentido literal por la buena mano de los trabajos artísticos que recrean una faoral, sino por el recuerdo a ese canto al mayo, “cuando a comienzos de siglo XX, se recupera la noche de rondas. Los pueblos, no disponían de alumbrado público como sucede hoy. Tenían que iluminarse con algo, y eso eran las farolas, que además servían de agasajo a la moza”, explica el alcalde de Pedro Muñoz.

 

Canto a la primavera, puerta a la hospitalidad

Ese carácter,  sincero y llano, que denotan los manchegos cuando se manifiestan, tal y como son, transparentes, re refleja con hospitalidad durante sus fiestas. Nadie se siente forastero, y es costumbre que el invitado se una a la fiesta, como uno más, de puerta en puerta, rondando y cantando a las damas mayeras. La noche, por lo demás, apacible en estas fechas del año, se diluye en el tiempo, y es fácil que la velada de rondas sorprenda a las nutridas cuadrillas mozos y mozas hasta bien entrada la madrugada. “Todos, venga quien venga, de donde vega, se sienten acogidos; nadie se siente extraño. Es algo que llena de orgullo al vecino pedroteño”, remarca Juan Fernández. Porque con un “buen puñao”, un pocas risas, un apertivo y un chato de vino, la noche, se torna más ligera, abierta, y natural. Es el franco saludo manchego a la “fértil primavera”.

 

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