Motilla del Azuer, bastión del agua en La Mancha

Vista cenital de la Motilla del Azuer

Visitamos la Motilla del Azuer en Daimiel, yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce, hoy reconocido como el “pozo más antiguo” de la Península Ibérica.

La primera lección que aprende el visitante cuando se acerca a la Motilla del Azuer es la precaución (y la propia paciencia con su calzado) en días lluviosos. Pronto, descubre que camina sobre suelo arcilloso, y eso se traduce en una incómoda película de barro bajo la suela de sus botas. La circunstancia no pasaría de lo puramente anecdótico sino fuera por el propio contacto con la estructura de la Motilla.

 

 

Muros de la Motilla del Azuer

 

Incluso, el menos reposado de los turistas no puede evitar un escalofrío de admiración y respeto cuando observa de cerca, y hasta incluso roza, los materiales de un espacio construido en plena Edad del Bronce (2.000 -1350 ac). Es arqueología en estado puro. Imaginar, reconstruir (mentalmente) y empatizar con las gentes, “aquellos manchegos” que habitaron un territorio miles de años antes. Nuestros ancestros ya tuvieron una sensatez edilicia, valiéndose de los recursos más cercanos del entorno. Como nos explica Miguel Torres, arqueólogo responsable del yacimiento: “la Motilla del Azuer está construida mayoritariamente con mampostería de piedra (fundamentalmente caliza, aunque también aparecen cuarcitas y otros materiales), trabada con la tierra de matriz arcillosa que obtenían de la vega del Azuer.”

 

Agua, bien preciado y protegido

No solo las  materiales llaman la atención de aquel que penetra entre sus muros. Básicamente, la Motilla del Azuer es un pequeño promontorio de 5 metros de altura, localizado sobre la llanura aluvial del río Azuer (afluente de la cuenca del Guadiana), con una estructura circular y unos 50 metros de diámetro. Imponentes murallas de mampostería dispuestas en anillos concéntricos esconden una estructura compleja, casi laberíntica de recodos y pasillos estrechos (a modo defensivo). Algo muy a tener en cuenta, si valoramos que estamos hablando del “2200 al 1350 a.C. en fechas calibradas”  según Miguel Torres que “destaca el sentido laberíntico en los diferentes sistema de acceso del interior del recinto fortificado, así como la monumentalidad de sus edificaciones.”

 

Completan el recinto una torre central de (12 metros) y un patio fortificado en el corazón del recinto, de unos 20 metros de profundidad y al que se accede por niveles en un inteligente sistema de rampas y plataformas.

 

Pozo interior en la Motilla del Azuer

 

 

Ahora bien, si los lugares de ocupación y vivienda parecen haberse encontrado en el perímetro exterior, ¿qué protegían, entonces, con tanta determinación? . La respuesta es clara. Como apunta la propia guía de la visita, Paz Caraballo, “ya desde muy antiguo el agua ha sido un tesoro en La Mancha.” La aparición de silos para la guarda de grano junto a la protección al acceso de recursos hídricos en este punto indican que la gestión y acceso al agua ya era cuestión vital de supervivencia. “En el recinto fortificado se efectuaba la protección, control y gestión de recursos básicos para estas gentes, como fue el almacenamiento de grano, estabulamiento ocasional de grano, áreas productivas, y fundamentalmente el agua, como bien para el desarrollo de sus vidas.

Nuestros ancestros, más altos y longevos

 La Motilla del Azuer, excavada en dos periodos de (1974-1986) y (2000-2010), con un amplio programa de investigación y conservación, permite considerar a este yacimiento del Bronce manchego como una guía patrimonial imprescindible para entender las raíces manchegas en la protohistoria.

 

 

 

“La Motilla se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la localidad. No paran de llegar visitas desde diferentes puntos de España. La demanda es altísima”. Explica Diego Clemente, director responsable del museo comarcal de Daimiel, cuya visita previa al yacimiento es idónea para contextualizar la riqueza antropológica y cultural de la propia Motilla del Azuer.

 

En el museo, de manera gráfica, con un recorrido escolar y didáctico se comprende mejor la vida de estos pobladores, cuya presencia se ha documentado en las excavaciones extramuros de la Motilla. Gracias al valioso hallazgo de la necrópolis, se puede saber cómo eran, cómo vivieron y hasta hacernos una idea de cómo se alimentaban y porqué fallecían. Las 61 sepulturas estudiadas presentan una información interesante de aquellos “primeros manchegos”.

 

El ritual funerario responde a la inhumación de un solo cadáver con aparente y escaso ajuar. Parece que nos encontramos con sociedad homogéneas sin una marcada estratificación social. “Los datos arqueológicos exhumados en la Motilla del Azuer no permiten establecer la existencia de un grupo social relevante.”

 

No obstante, “sin descartar una jerarquía o liderazgo en estos grupos”, sí podemos conocer su comportamiento demográfico. Tenían una elevada mortalidad infantil y baja esperanza de vida al nacer, pero después, curiosamente, los integrantes que llegaban  a la edad adulta, según estudio de su estructura ósea, tenían, además de una mayor longevidad, una estatura algo superior a las poblaciones contemporáneas de la cultura del Argar en el sureste peninsular.

 

Su desaparición, todavía en estudio

 

Como reconoce el propio arqueólogo, Miguel Torres, la extinción de la cultura de las motillas en La Mancha “es un tema abierto, que genera una importante discusión científica desde diversos puntos de vista, por lo que no es posible discernir la causa específica de su abandono, o si incluso ésta obedeció a diversos factores

 

Se constata en la fase III (1.400 al 1.1350 ac) un abandono, “entrando en un declive progresivo”. En ese periodo, las posibles crecidas del Azuer llevarían a este espacio a ser abandonado.

Y es que el subsuelo en La Mancha guarda tesoros hídricos de vida y en ocasiones, con hallazgos como la Motilla del Azuer, un pasado de gran riqueza cultural e histórica.

 

Información y visitas para la Motilla del Azuer: http://www.motilladelazuer.es/

 

 

 

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