El vino es un alimento, tal y como reconoce la reglamentación española. Partiendo de esta premisa, debe quedar claro que el consumo responsable y moderado de este alimento presenta efectos beneficiosos sobre la salud, tal y como demuestran multitud de estudios científicos que relacionan la ingesta de vino con la prevención de enfermedades cancerígenas y cardiovasculares.
También destacan sus funciones como antioxidante, lo que puede suponer una acción que retrasa el envejecimiento.
Pese a que el alcohol es el ingrediente más conocido del vino, no debemos olvidar que en su composición el 85 % es agua, mientras que el 15 % restante está formado por muy diversos elementos:
Entre un 11 y 13 % de etanol, alcohol básico obtenido de la fermentación del azúcar, responsable de la suavidad del vino.
Componentes fenólicos de distinto orden, como los antonicianos o taninos, sustancias que determinan el color y la estructura de los vinos.
Ácidos procedentes de la uva y de las fermentaciones alcohólica y maloláctica, que desempeñan un papel fundamental en el equilibrio del vino.
Azúcares que quedan tras la fermentación, que influyen en el paladar del vino (dulce, seco o semiseco).
Sustancias nutritivas de alto valor alimenticio (proteínas, vitamina C y del grupo B, además de los aminoácidos).
Sustancias aromáticas y volátiles de las que depende la fragancia del vino.
Además, los estudios realizados por el Comité Internacional para el Estudio del Vino prueban que, si bien una pequeña cantidad de alcohol aumenta el vigor, si la dosis se aumenta el alcohol produce una inhibición que disminuye su utilidad. El 11 ó 12% de alcohol que contienen normalmente estos vinos está considerado como el porcentaje más adecuado.
Si tenemos en cuenta que el cuerpo oxida más o menos un gramo de alcohol por kilo de peso corporal cada 24 horas, siempre que se ingiera en intervalos espaciados de tiempo, la cantidad de alcohol que se contiene en el vino desaparece por completo en los procesos vitales, sin dejar restos analizables en sangre u orina. Por lo que se puede afirmar que lo que causa la embriaguez no es el alcohol que se asimila, sino el que sobra.
¿Cuánto vino podemos consumir?
La Organización Mundial de la Salud afirma que la dosis diaria de alcohol que puede consumir un individuo normal y sano no debe sobrepasar los 40 o 50 gramos diarios, es decir, unas cuatro copas, repartidas entre la comida del mediodía y la cena.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que el vino consumido en dosis moderadas y continuadas (diariamente) tiene una incidencia positiva para los lípidos y las grasas de la sangre. Además, el alcohol también actúa beneficiosamente sobre el colesterol y protege la capa vascular de las arterias y venas, evitando la formación de histamina y la anormal coagulación de las plaquetas, lo que reduce el riesgo de coágulos arteriales.
El Resveratrol y los Vinos de LA MANCHA
Hoy en día, nadie duda de la acción preventiva contra el cáncer y de otros muchos beneficios para la salud de la sustancia denominada RESVERATROL, que se encuentra en las uvas y en el vino.
Diferentes estudios, realizados en prestigiosas universidades como la de Illinois en Estados Unidos o la Complutense de Madrid, constatan que el vino, consumido con moderación puede ser beneficioso para la salud, ya que disminuye la incidencia de enfermedades cardiovasculares y el riesgo de carcionogénesis. Estos estudios muestran que la acción preventiva del vino es debida a la presencia del resveratrol, presente en cantidad importante en la piel de la uva y en numerosas especies vegetales.
Interesa destacar que la concentración de resveratrol en las uvas y vinos varía esencialmente según la climatología de la zona de producción, los cultivos, la luminosidad, etc. por lo que resulta evidente, y además está demostrado, que en LA MANCHA, debido a su especial agro-clima, esta sustancia se produce en mayores proporciones que en otras regiones vitícolas
Normas sobre el vino y la salud
La Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición, FIVIN, hace una serie de recomendaciones sobre el consumo de vino relacionadas con la salud. El vino es una bebida para adultos sanos, absolutamente incompatible para las mujeres en estado de gestación y los lactantes, así como para los inmoderados.
El vino es sano solamente cuando es bebido con moderación, es decir, con respeto, educación, cultura e inteligencia, lo cual permite disfrutarlo con los cinco sentidos.
Los mayores encantos del vino están en sus matices cromáticos y en sus aromas, ni beber mucho ni beber deprisa aumentan el placer, sino todo lo contrario. Beber vino moderadamente es sano, e incluso recomendable, y causa placer, beberlo despacio aumenta ese tiempo de placer y el placer mismo.
No beba nunca vino en ayunas, el vino está hecho para acompañar a otros alimentos y no como un objetivo por sí mismo.
Armonizar vino con alimentos, así como vino con oportunidades es un arte. Con el fin de marginar definitivamente el abuso del vino y para alcanzar consumos moderados y razonables, es necesario que el conocimiento del vino sea transmitido desde el entorno familiar, en el que los mediterráneos lo hemos bebido durante miles de años, formando parte esencial de nuestra dieta.
Las familias, y en general los mayores que conocen el vino, deben erigirse en su principal vehículo de divulgación y en indiscutible ejemplo de moderación.
Es preferible no beber vino solo, el vino es para disfrutar en compañía y ha de ser compartido.