Receta de arrope manchego

Arrope manchego

Preparación de la receta de arrope manchego

Una costumbre, quiza ya en desuso entre fogones, que todavía el regusto en el recuerdo del vijo recetario tradicional. El arrope solía llenar las despensas de cocinas de las casas manchegas en pleno cenit otoñal, cuando los Santos marcan definitivamente el cambio del tiempo.

Como tantas y tantas otras platos de nuestro recetario popular, hunde sus raíces en la gastronomía árabe, cuando el Ar –ubb hacía referencia al zumo de fruta cocido.

 

 

Es difícil, todavía hoy encuadrar al arrope. Por su toque dulce, inevitablemente se le identifica con un postre, aunque su textura y su capacidad de aguante en el tiempo, con una caducidad que sorprendería a más de uno, bien podría pasar por salsa o aderezo, como el caramelo líquido de flanes y otros manjares, que hacen las delicias de los más golosos.

Nuevamente, acudimos hasta Herencia, donde Mª Nieves Fernández-Baillo, nos guiará en la receta.

Su proceso es sencillo el arrope es el líquido resultante de cocer reduciendo el mosto de uva hasta conseguir una mayor concentración de azúcar. Su capacidad de conserva lo convertía en una perfecta sustitución de la miel, cuando incluso ésta, en aquellos años era un producto no tan alcance de todos.

El arrope suele condimentar también el sabor de llamado calabacete, cuando se dejaba macerar con la propia calabaza u otro tipo de fruta (membrillo, melón o patata) previamente deshidratada con cal.

 

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Ingredientes

1/2 kg de Calabaza

5 litros de Mosto filtrado

 

Modo de elaboración

Primero se trocea la calabaza dejándola en agua-cal unas horas.

Después, se deja cocer el mosto hasta reducir a la mitad su contenido., para añadir después la calabaza, que volveremos a dejar cociendo reduciendo a su  vez a la mitad.

El proceso nos llevará varias horas hasta que finalmente dejamos enfriar y guardamos en tarros de cristal, a modo de conserva.

Maridaje

Su grado de dulzura hace recomendable tomarlo como salsa o acompañante para otros postres, por ejemplo en frutas. Un blanco moscatel le viene bien aunque sí, para entonces, ha llegado el blanco airén, seco intacto para los postres, tampoco desmerece su armonía.

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