Viaje por los rincones culturales y ambientales más representativos de la geografía manchega en la provincia de Ciudad Real

Palpar las cicatrices de un terruño desde la intimidad en el tacto, para conocer mejor los secretos de un paisaje, donde han convivido durante siglos culturas y generaciones, es hacerlo desde la quietud de aquel viajero, que disfruta instantes, saborea momentos y captura en su retina los exquisitos rincones que rezuman historia, encanto y un tremendo valor ambiental y ecológico en sus entrañas.

Es el mejor fardo para un viaje, adentrándose en aquello que llaman ‘turismo (rural) de interior’. Aquel que se cocina a fuego lento, como la gastronomía que lo adereza en armonía de vinos que lo acompañan.

 

Así es La Mancha que nos proponemos recorrer en el primero de nuestros  periplos de un caprichoso cuaderno de viaje, subjetivo como aquella mirada distraída y romántica del viajero. Como diría Nicolás Bouvier, escritor, viajero y fotógrafo,  “Uno cree que va a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que lo hace a él.” Así es La Mancha en su contacto. Llanura de contrastes y apariencia ruda en el trato, afable y seductora cuando transforma la mirada a las pocas horas.

Con la brújula de los fragmentos literarios de la universal novela (el mejor devocionario de viajes), seguimos en estas líneas buscando cinco lugares, siguiendo los pasos del  hidalgo caballero en la provincia de Ciudad Real, la mayor en extensión, precisamente en La Mancha.

  1. Campo de Criptana, tierra de gigantes

Llegar a La Mancha sin entablar dialéctica (batalla) conversación con sus gigantes es, quizás el mayor pecado mortal para el viajero. Campo de Criptana recoge el encanto de sus calles, coquetas de azul añil y la visita, quizás despistada o desorientada en el albaicín de callejuelas  que conduce a sus molinos, imponentes, blancos, y pacientes en sus brazos de álamo negro y testuz peinada en decenas de vientos. Testigos de aquella desventura,   deslumbran e intimidan en sus entrañas, cuando descubres sus tripas,  reconstruidas  y centenarias. Más aún cuando en aquellos días del señor (uno al mes), sus aspas vestidas de lienzo, muelen para sorpresa de turista afortunado.  Es la meca literaria para el visitante nipón, cuyas ópticas fotográficas de última generación adoran reverencialmente el escenario de la batalla.

Por el brío del momento, cual joven potrillo sin domeñar por el tiempo, asociamos la escena a un tinto joven DO La Mancha. Representativo en sus virtudes frutales, cuya mejora en botella apacigua los ánimos de juventud en con el devenir de los meses.

  1. Lagunas de Ruidera, desde la Cueva de Medrano

Desde Argamasilla de Alba, no demasiado lejos (una jornada a caballo, a lo sumo), nuestro periplo parte hacia el oasis de La Mancha, no sin antes rendir obligada visita a la Cueva de Medrano.  Es el punto de peregrinación donde la tradición decimonónica fija la cárcel (inspiración) de Cervantes. Así  resonaron los pensamientos de Azorín en el III Centenario del Quijote durante su   “La ruta de Don Quijote”: “¿De qué suerte Argamasilla de Alba, y no cualquier otra villa manchega, ha podido ser la cuna del más ilustre, del más grande de los caballeros andantes?

Muy cerca, está la Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XVI, de sustancial interés para el cervantista si apresura a escuchar la tradición que une el cuadro exvoto donado por Don Rodrigo de Pacheco, situado en la capilla de la Virgen de la Caridad de Illescas (a la derecha del altar mayor), con el “posible trasunto de Don Quijote, ya que tanto la fecha, como el motivo de la enfermedad mental del Marqués, contribuyen a esta identificación.”

El entorno de las Lagunas de Ruidera es hoy un oasis en La Mancha. Foto, página oficial del Parque Natural
El entorno de las Lagunas de Ruidera es hoy un oasis en La Mancha. Foto: página oficial del Parque Natural

Casi “creadas como por  encanto del mago Merlín“, que diría el mismo Cervantes, las lagunas de Ruidera comparten frontera con la provincia de Albacete. Irresistible es el encanto cristalino de sus miradas al dictado de la canícula manchega, “la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas” seducen la visita en un parque natural, joya kárstica y geológica cuando la feroz sequía las respeta, y las lluvias las colman de abrazo y primavera.

Si tuviéramos que buscar un vino idóneo a la estampa, nos fijaríamos, sin duda, en un blanco DO La Mancha frutal, de suaves toques florales o incluso herbáceos. Es la respuesta varietal con la que asociar los aromas de hinojo, hierba, romero y en ocasiones otoño que Ruidera regala a nuestro olfato desde la orilla.

  1. Villanueva de los Infantes

No muy lejos, en pleno campo de Montiel, antaño tierra de frontera con la media luna y custodia de la Orden de Santiago, Villanueva de los Infantes pugna en orgullo, tradición y solera por ser la cuna de “aquel lugar del que Cervantes no quiso acordarse”. No en vano, sus calles adquieren el lustre y celo solariego, de sobrio invierno castellano y austero porte en sus fachadas.

 

Impolutas, firmes y autóctonas, de entre todas, una llama poderosamente nuestra atención. Es la “Casa del Caballero del Verde Gabán que perteneció a Don Diego de Miranda, donde según la tradición, aparece descrita por Miguel de Cervantes en el capítulo XVIII de la segunda parte de El Quijote.”

Y más podrían nuestros pensamientos divagar si nuestros huesos encontraran reposo acaso en algunas de las numerosas casas rurales.

La guarda en años para sus fatuos anales no encuentra mejor vino que un crianza, mesurado en el tiempo de sus años, pero todavía con recuerdo lejano de aquella esplendorosa fruta (nobiliaria).

 

  1. Almagro, en escena

Almagro es teatro, puro teatro. Tanto es así que puede presumir de tener entre sus calles los escenarios perfectos para el teatro clásico del Siglo de Oro como lo es su Corral de Comedias.

Se puede degustar todo el año, pero resulta imprescindible hacerlo en verano, al calor (literal) de sus Festival Internacional de Teatro clásico.

 

 

Son fieles y no fallan al envite aquellos textos de los Lope, Quevedo y tantos otros escritores de sagaz pluma, que aún hoy, inmortalizan el retrato crudo de una sociedad castellana, mísera y noble en sus hidalgas entrañas, pícara y genial en el ingenio creativo de la necesidad para un estómago vacío. Es aquella Mancha, sancha y llana que retrato Cervantes o aquellos versos del Siglo de Oro, donde el vino fue escarceo, rufián y taberna, y hoy es lisonja cultural para los oídos.

orral de Comedias de Almagro, obligada parada en el viaje
Corral de Comedias de Almagro, obligada parada en el viaje

Y cual atrevidos fueron aquellos sonetos, sinceros y sin remilgos, proponemos la chispeante burbuja de un espumoso DO La Mancha. De método tradicional, su rosario de versos carbónicos son poesía para el paladar de quien los toma en una apacible noche de verano.

  1. Tierra calatrava, ruta de castillos

No debemos cerrar el capítulo sin mencionar a la tercera de las Órdenes militares que velaron a capa y espada las fronteras medievales. Singular en sus campos, encrucijada de caminos, ciñen su cintura los tiempos de estos parajes que respiran el sosiego pretérito de viejas batallas. No podemos sino viajar en el tiempo para soñar despiertos y, entre almenas, lienzos de muralla y vidriera, saludar al Castillo de Calatrava la Nueva, en Aldea del Rey. Domina las vistas de cereal,  matorral, monte bajo y algo de barbecho un imponente castillo a poco más de 900 metros de altura. Su existencia liga su importancia al poder de la Orden calatrava, santo y seña del avance cristiano hacia Sierra Morena, más aún desde el victoria cruzada de las tropas de Alfonso VIII y sus aliados cristianos en 1212, en las Navas de Tolosa.

 

Arbitrario es nuestro criterio como caprichoso fueron los destinos de aquellas tierras que en décadas pasaron de dominio islámico a señorío castellano. Por ello, escogemos para cerrar el viaje un tinto envejecido en barrica. Un tinto roble que no esconde el fragor de aquellas contiendas, todavía joven en esencia, pero con el paso sutil  por madera. ¿Qué somos si no?, liviana existencia frente al espejo de grandes hazañas en tierra franca y caballera…pulvis es et in pulverum reverteris.

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