tarta-de-queso-restaurante-granero

Todo un clásico de la repostería, la tarta de queso fresco es un alarde a la cremosidad y una prueba de fuego de los establecimientos que presumen de hacerla en casa. El principal ingrediente es queso crema Filadelfia, una suerte de fermentación de leche y nata que produce una pasta suave y cremosa, de textura pomada, que una conocida marca de alimentos a hecho suya. Huevos, nata, yogur, azúcar, harina, leche, levadura… cada maestrillo tiene su librillo y guarda su receta como oro en paño, la fotografía es de una ración servida junto a helado de fresa artesanal, recién hecho, y un poquito de cacao en polvo, pero el mejor acompañante siempre será una copa de buen vio, uno de la Denominación de Origen La Mancha.

Un seguro servidor vuestro tiene tendencia al dulce, y a la hora de recomendar vino se me nota, así que teniendo ases en la manga como las mistelas, vinos de nueces, mostos parcialmente fermentados y otras elaboraciones de tantas bodegas Manchegas, me decido por un vino blanco de corte tradicional, un vino dulce elaborado a partir de la variedad de uva Moscatel, ya sea vendimia tardía, que hayan parado la fermentación cuando quedaba azúcar para endulzar el vino, o que las uvas fueran deshidratadas en “asoleo”. El caso es que el vino sea dulce, esté bien conservado y servido dignamente, como se merecen todos los vinos. El vino que recomiendo sería idealmente servido en una copa tipo chianti, de no mucha capacidad y sin servir más de un tercio de la copa, esto es para evitar que la temperatura suba mucho de los ocho o diez grados ideales de servicio, y permita que la variedad se exprese guardando sus agradables aromas florales y frutales, con esa textura sedosa que caracteriza al vino dulce y un puntito agradable de acidez, que es el contrapunto que realza los vinos bien llevados.

Gastronómicamente vuestro

Salud y ¡mucha Mancha!

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