Tres vinos para Tres Reyes Magos

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Elegimos un vino para honrar a cada una de los Tres Reyes Magos de Oriente

Ya sea como guiño tierno a nuestra infancia, o gesto que repetimos con nuestros hijos y familiares, el ritual se repite cada noche ‘mágica’ del 5 de enero. Agua para reponer la larga travesía los camellos junto a la ventana…y una pequeña bandeja con vituallas dulces de Navidad para hacer más llevadera la infinita “jornada nocturna de reparto” a los Tres Magos de Oriente. Hay quien, incluso, dejaba un copita de mistela o espumoso junto a las pastas, mantecados y figurillas de mazapán.

Ahora bien, si de repente, movido por la curiosidad, sin poder aguantar más tiempo en la cama, ¿Qué sucedería si te levantaras a medianoche para buscar los regalos…y entonces, sorprendieras a los Tres Magos?. Por decoro, sin duda, lo más cortés es ofrecerles un presente. Sin duda, una copa de vino, les aliviaría en la fría noche de enero…

¿Qué vino elegirías para cada uno de los Tres Reyes Magos de Oriente?

Como todo maridaje, la elección está sujeta a criterios puramente subjetivos, más aún, en asuntos de esta índole, donde se mezclan los gustos y preferencias con los recuerdos infantiles de fuerte tradición familiar.

A cada cual, hemos optado por un vino diferente, según nuestra propia percepción.

Melchor, un Gran Reserva:  para el anciano rey Mago, larga cabellera cana y luenga barba”, optaríamos por un tinto sometido a crianza. La edad con lo que la iconografía describe a este personaje nos lleva a elegir incluso un vino de largo paso por barrica de madera. Un Gran Reserva con una antigüedad de más de cinco años, estaría bien para brindar por la sabiduría de Melchor. Para apreciar bien sus aromas terciarios, lo más recomendable es abrir la botella con tiempo. Si consigues retener a su majestad durante un tiempo, un decantador te permitirá disfrutar mejor aún sus matices.

Gaspar, un joven blanco: para este Mago de “imberbe de tez blanca y rosada”, al que solemos ver en las cabalgatas con una frondosa barba pelirroja, encontramos preciso acompañar su presencia con un blanco joven o incluso un rosado tempranillo (por aquello del color de su barba). Las notas frutales de un blanco joven airén serán el perfecto acompañante para armonizar los regalos de este Mago, que según la tradición regaló incienso.

Baltasar, un tinto envejecido en barrica: para el más exótico de los Tres Reyes Magos, ciertamente, cualquier tinto le va bien. Crianza o Reserva pueden ser acompañantes idóneos. No obstante. Si queremos apreciar las virtudes de la madera, con leve paso por roble (de apenas sesenta días) sin despreciar la frescura de la fruta un llamado tinto roble resulta esencial. Incluso, asociando el gusto por el chocolate, estos vinos por aquello de sus aromas de tostado pueden acompañar bien a esas golosinas de bombón y/o turrón de chocolate.

En todo caso, si no se dispone de demasiado tiempo, existen dos opciones que dejarán encantados a sus majestades la noche más ‘sabia y mágica’ de todas.

Bien un blanco dulce moscatel para acompañar bien los postres, puede ser la opción más deseable. La otra opción es un espumoso (en su versión semiseco, también para postres o brut nature, si a los Reyes Magos les gusta el cosquilleo de la burbuja más puro y natural en el paladar.

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Adoración de los Reyes Magos, de Giotto. Fuente: http://addmiras.com/

Leyenda, tradición y regalos

Ríos de tinta se han escrito sobre su origen, localización y naturaleza de la que apenas se conservan leves fragmentos en la Biblia. Por el evangelista San Mateo (Mateo 2, 1-12) conocemos los detalles de su llegada, guiados por una misteriosa Estrella,  a tierras de lo que es hoy, la actual Palestina. Se cuenta su encuentro con Herodes ‘El Grande’, Rey de los Judíos, y su recelo por el nuevo mesías judío: “Jesús nació en Belén de Judea cuando gobernaba el rey Herodes. Y he aquí, unos magos vinieron del oriente a Jerusalén”.

Poco más hemos conocido de estos tres enigmáticos personajes, salvo los relatos residuales de la Edad Media. Durante siglos, no hubo certeza de su  número, procedencia y hasta sus propios nombres. Si nos remitimos a la propia terminología, poco a nada tienen que venir con la Magia. El seudónimo ‘Mago’, procede de Magi (latín) y a su vez de Magu, para referirse a los ilustres magos (sabios) de la zona de Persia o el antiguo Imperio Parto. Localizados, en la actual Irán, estos sabios eran cultos y doctos en astronomía, devotos del culto ancestral a Zoroastro, una religión remitida a siglos atrás en la antigua Babilonia.  Tampoco se tiene certeza de su condición real como Soberanos de Reinos lejanos.

Sea como fuere, han pasado a la posteridad en la tradición y el imaginario popular colectivo (sobre todo en países de cultura más latina, y mucho menor o casi inexistente en los países del norte de Europa y anglosajones)  por la iconografía del arte paleocristiano durante el último tramo de la Antigüedad Tardía. En mosaicos y pinturas a los Tres Reyes Magos, se les conoce por su vestuario Parto (o Persa). Tanto es así, que la basílica de la Natividad en Belén, eregida por Constantino, fue la única en ser respetada en 614 por las huestes de Cosroes  del Imperio Sasánida, que arrasaron prácticamente todas las iglesias de Tierra Santa, respetando Belén, por sentirse identificados con las vestimentas medas de los mosaicos.

Por cierto, la entrada a esta basílica en la actualidad en Belén, es por una apertura de poco más de metro y medio…(alegoría infantil).

Sería ya a partir del siglo VII, concretamente con Beda el Venerable, o San Beda (672-735), monje benedictino, cuando se les atribuye los tres nombres por los que hoy son conocidos y sus regalos: Melchor, Gaspar y Baltasar, con tres rasgos étnicos y edades diferenciadas, en referencia universal a las razas del hombre: “El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba… fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena (“fuscus” en latín) testimonió ofreciéndole mirra, que significaba que el hijo del hombre debía morir…”

Interior de la catedral de Colonia

Interior de la Catedral de Colonia

En Colonia, sus reliquias

Para todo aquel que todavía quiera mantener encendida la llama cándida de la propia inocencia con los Tres Reyes Magos, puede volver a sentirse niño otra vez, visitando las reliquias en la Catedral de Colonia, en Alemania, donde la tradición medieval sitúa los retos mortales de los Tres Magos de Oriente, en el alta mayor de la joya del gótico alemán.

 

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