Se acerca el verano y una vez más desde los medios nos bombardean con la operación bikini y las dietas saludables. Pero no hay secreto ni dietas milagro que nos permitan perder en mes y medio lo que no hemos hecho en los últimos seis para este reto fitness.

La clave está en mantener una rutina sana durante el resto del año, con tres piedras angulares: actividad física, dieta equilibrada y horas de sueño. Pero, para los que no hemos hecho los deberes, tenemos un nuevo aliado este verano: el vino.

Eso sí, con moderación, ya que una ingesta responsable de alcohol nos permitirá no solo mantener el físico sino los puntos en el carnet de conducir.

Consumido en la península ibérica desde antes de la llegada de los romanos, el vino es un alimento que contiene aminoácidos y minerales además de polifenoles, un potente antioxidante. Una copa de vino aporta aproximadamente 4% de la dieta diaria de hierro, magnesio y potasio, y una cantidad de calorías mucho más baja de los que se piensa.

 

 

 

Según el programa europeo Wine in Moderation, vino con moderación, una copa (100 ml) de vino tinto de 13,5% vol. contiene 75 Kcal, una de vino rosado (12,5% vol) 70 Kcal y una de vino blanco (11,5% vol.) nos proporciona 64 Kcal. Estos valores, calculados a partir de vinos secos que son los más consumidos, suponen aproximadamente el 2,5% de la ingesta diaria de calorías recomendadas en un hombre y del 3,5% en una mujer.

Vino tinto en la vida fitness

A modo de comparación, una lata de cerveza de 330 ml contiene 150 Kcal, un ron con cola 175 Kcal, una lata de refresco de cola 139 Kcal y una de Naranja 172 Kcal.

 

Sustituir pues los refrescos y cervezas de aperitivos y comidas por una copa de vino permite dividir prácticamente por dos la ingesta de calorías, sin contar con los estudios que asocian estas bebidas azucaradas con el aumento de la obesidad y la diabetes, entre otros.

Blancos y rosados combinan perfectamente con los platos estrella del verano, como ensaladas y pescados, y son un buen aliado contra las altas temperaturas.

 

De hecho, la riqueza de nuestra gastronomía es tal que el Instituto Médico Europeo de la Obesidad ha desarrollado una dieta elaborada a base de alimentos delicatessen para los más gourmets, que combina el consumo diario de vino tinto y jamón ibérico con frutas, verduras, carne y pescado. Explican que el jamón ibérico proporciona hierro y vitaminas B, necesarias para el cerebro y el sistema nervioso, y que esta dieta es baja en grasas saturadas y alta en ácidos grasos monoinsaturados como el ácido oleico.

blanco y vida fitness

 

Para las mujeres se recomienda beber unos 150 ml de vino, equivalentes a una copa, mientras que para los hombres el promedio sería de dos copas a lo largo del día.

 

En cualquier caso, además de disfrutar de una cocina sana, toda dieta debe acompañarse de deporte y ejercicio físico, un complemento imprescindible que “no solo facilita el adelgazar más y más rápido, sino que ayuda también a perder menos masa muscular y a mantenerse en forma física”, informa la investigadora del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, Rocío Mateo para el periódico El Heraldo.

Deporte al aire libre como método fitness

La recomendación en este caso va desde caminar a paso rápido durante al menos 45 minutos a correr o ir en bicicleta, adaptando el tipo de actividad física a las condiciones de cada uno.

 

10 consejos para disfrutar de una dieta saludable y perder peso este verano:

  1. Mantener un horario fijo para las principales comidas.
  2. Masticar despacio.
  3. Consumir gran variedad de frutas y verduras.
  4. Consumir productos lácteos desnatados bajos en grasas.
  5. Elegir “grasas saludables” como el aceite de oliva, mejor si es virgen, por su mayor riqueza en antioxidantes.
  6. Consumir pescado, especialmente azul, tres o más veces por semana.
  7. Optar por carnes con un menor aporte graso.
  8. Refrescos y bebidas azucaradas tienen muchas calorías y ayudan a ganar peso. Limite su consumo. Se pueden sustituir por agua o entre una y dos copas de vino tinto diarias en distintas comidas.
  9. Realizar algún tipo de ejercicio físico al menos 4 veces por semana, durante 40 minutos al día.
  10. Dormir entre siete y ocho horas para que el cuerpo se recupere de la actividad del día. Cuando se sufre déficit de sueño, los niveles de las hormonas ghrelina y leptina (implicadas en la regulación del apetito) aumentan y se reducen respectivamente, con lo que se tiende a comer más.

(Fuentes: Sociedad Española de Nutrición Comunitaria y Sociedad Española de Medicina De Familia)

 

Vanessa BO

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