Nuestros orígenes

nuestro_origenSituada en la Meseta Central de la Península Ibérica, La Mancha engloba 182 municipios de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, que gozan de un clima continental extremado, con grandes oscilaciones térmicas y con precipitaciones variables que hacen propicio el óptimo cultivo de la vid, que como mínimo se remota a la Edad Media, aunque se cree que data de la época del Imperio Romano.

Por ello, y considerando lo ancestral de la tradición del cultivo del vino en esta tierra, el primer reconocimiento oficial que se hace al vino de La Mancha como Denominación de Origen data de 1932, apareciendo publicado en la Gaceta de Madrid (hoy Boletín Oficial del Estado) en septiembre de dicho año, lo que convierte a esta D.O. en una de las más antiguas de España.
Posteriormente, la Guerra Civil y los duros años de la posguerra hacen que este proyecto permanezca parado hasta los años 60, cuando se crea la Denominación de Origen de La Mancha, Manchuela, Méntrida y Almansa.

Más tarde, en 1973, comienza su andadura el Consejo Regulador, adquiriendo una identidad propia que culmina en 1976, con la Orden Ministerial que aprueba el primer Reglamento de la D.O. y de su Consejo Regulador – OM. 2-VI-1976.
En sus campos se dan las siguientes variedades de uva:
Variedades blancas: Airén, Viura o Macabeo, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Verdejo, Moscatel de Grano Menudo, Riesling, Parellada, Viognier, Gewürztraminer, Pedro Ximénez y Torrontés
Variedades tintas: Cencibel o Tempranillo, Garnacha, Moravia, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah., Petit Verdot, Monastrell, Bobal, Graciano, Cabernet Franc, Malbec, Pinot Noir y Mencía.
Las bodegas acogidas a esta Denominación de Origen han sabido evolucionar de una manera rápida y acorde con la demanda del mercado y consumidor. Estas bodegas han hecho de la elaboración de sus vinos un arte, con un esmerado cuidado fruto de unas instalaciones equipadas con la más alta innovación tecnológica, a la vez que comercializan sus caldos en el mercado nacional e internacional con una magnifica progresión. En el mercado internacional nuestro crecimiento ha sido de un 10% interanual en la última década, dato a tener en cuenta ya que se asegura la presencia de nuestros vinos en los países de mayor consumo.
Por contar con una extensa variedad de vinos siempre tendremos donde elegir, sin olvidar la calidad:

  • Vinos Jóvenes, que deben ser consumidos en un período no superior a nueve meses desde su elaboración.
  • Vinos Tradicionales, cuya vida natural es comparable a cualquier otro vino de crianza, aunque su conservación ha sido realizada en depósitos o en tinajas. En este apartado también se incluirían los vinos blancos naturalmente dulces.
  • Vinos Envejecidos en Barrica de Roble, cuya elaboración será igual a la de los vinos jóvenes o tradicionales, pero con una permanencia mínima en barrica de roble de 60 días.
  • Vinos de Crianza, con dos años de envejecimiento natural, de los cuales uno de ellos deberá ser en barrica y botella.
  • Vinos de Reserva, con una crianza mínima de doce meses en roble y veinticuatro meses en botella.
  • Vinos de Gran Reserva, con una crianza mínima de veinticuatro meses en roble y treinta y seis meses en botella.
  • Vinos de Aguja, que por su particular elaboración conservan una pequeña cantidad de anhídrido carbónico procedente de la fermentación de los azúcares.
  • Vinos Espumosos, elaborados con el método tradicional, con un mínimo de nueve meses de crianza en botella.

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