Para maridar unas croquetas hay que elegir un buen vino.

De jamón, de pollo, de bacalao, de boletus, de queso, vegetales, servidas como acompañantes, como plato principal, como tapa para tomar con un buen vino… La croqueta es uno de los más deliciosos clásicos de la gastronomía española, pero, ¿con qué vino maridarlas?

La suculenta historia de la croqueta

Pero lo cierto es que tienen su origen en la Francia del S. XVII, país donde se acuñó el término croquette (“crujientita”), proveniente de croquer (crujir).

Aun así, se cocinan en multitud de países alrededor del mundo, en los que encontramos diferencias en cuanto a su preparación, su elaboración, su presentación y su resultado final.

Indistintamente del poder adquisitivo del comensal, la croqueta es un factor común denominador de las buenas mesas.

Desde el jamón más sabroso y suculento a la más humilde miga de bacalao,  pasando por variantes con ingredientes como el marisco, verduras, aves…

Por tener, la croqueta tiene hasta un día internacional, el 16 de Enero. Pero el caso es, que aunque inventadas en Francia, en España se ha enriquecido y mejorado (aunque esto sea algo subjetivo al paladar de cada uno) la receta de las croquetas.

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El arte de la croqueta abarca desde la preparación del bechamel o derivados, pasando por el rebozado en huevo y la fritura y terminando en deshacerse lentamente en el paladar del comensal.

Tanto se ha hablado de las croquetas que, incluso en los tratados de protocolo se han tenido en cuenta: afirman que en caso de ser comedidas de tamaño y haber cualquier tipo de servilleta a mano, se podrían comer con las manos, sin cubierto.

También famosos escritores a lo largo de la historia, como Ramón Gómez de la Serna, se han pronunciado ante tan sabroso manjar: “las croquetas deberían tener hueso, para que pudiésemos llevar la cuenta de las que comemos”.

Día internacional de la croqueta, origenes y maridajes

Todos alguna vez hemos intentado hacer unas croquetas como aquellas que tan bien le salían a nuestra abuela, o como aquellas  otras que probamos una vez y jamás se borrará de nuestra memoria su sabor. El caso es que nunca, o casi nunca logramos hacerlas perfectas.

La croqueta perfecta varía según nuestros gustos y según nuestro paladar, pero el truco para una buena croqueta está en su interior, en el contenido.

Maridaje y croquetas

Normalmente, nos gustan tanto las croquetas que no nos importa la bebida con la que acompañarlas. Pero si las maridamos con un buen vino, se potenciará más el sabor de éstas.

Lo cierto es que para cada croqueta existe el vino perfecto. Pero si hay algo que tienen en común todas, es que combinan a la perfección con un buen D. O. La Mancha.

Con qué vino maridar las croquetas

Por ejemplo, en el caso de las croquetas de bacalao, lo ideal sería maridar con un vino blanco. Estos vinos son los que suelen acompañar a los platos de pescado en nuestras comidas.

A las croquetas de pollo, al tener un sabor no muy potente, lo que mejor las complementaría en este caso sería un vino blanco o rosado, con toques afrutados, ya que combinan bien con sabores suaves.

En cuanto a la madre de todas las croquetas, la de jamón, al tener un sabor más potente combinaría a la perfección con un vino tinto. Así no eclipsará su sabor.

Para el resto de tipos de croquetas (como las de queso o boletus), también se recomienda maridar con vino tinto para evitar que unos sabores eclipsen a otros.

Si seguimos estas pautas de maridaje, tendremos garantizada la perfecta conjugación entre vino y croquetas.

 

 

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