Una bebida muy popular y tradicional en múltiples provincias, principalmente en el sur de España, en La Mancha, en especial en Cuenca y Albacete, es la Cuerva, más conocida como zurra o zurracapote. Esta bebida se elabora a partir de vino, frutas, azúcar, agua e incluso canela.

Habitualmente la cuerva o zurra se servía fresca en “cueveras” (vasijas de cerámica con jarrillas que se lucen en las casas con el valor artístico de artesanía y herencia cultural), de ahí su nombre. Se elaboran y disfrutan casi siempre en fechas señaladas como festividades o celebraciones esporádicas, siendo cada maestrillo quien presuma de su especial toque a la receta.

La cuerva de la fotografía es obra del Chef Fran Martinez, premiado en 2011 con una estrella Michelín. Este estupendo cocinero dirige los fogones del Restaurante Maralba de Almansa y la sirve como aperitivo. La textura de sorbete, el gusto justo de azúcar, sin perder el carácter original son una auténtica alegría para el paladar… Apuesto que si le arrimamos un vino Denominación de Origen La Mancha sería maravilloso.

Apuesta por un espumoso

Maridar es un arte. Saber que vino encaja mejor con un plato, postre o tentempié llevar a ser en ocasiones bastante complicado. En esta ocasión me voy a arriesgar con un vino espumoso semiseco elaborado con las variedades de uva Airén, y/o Macabeo.

El vino semiseco evitará que la armonía parezca un “pan con pan” y se enriquezcan mutuamente.

El servicio también es importante

La mejor forma de servir un vino espumoso es en copa tipo chianti, de forma similar a un tulipación y con apenas apertura. ¿Por qué es preferible utilizar este tipo de copa? La respuesta es sencilla. Al servir un espumoso- debe estar a unos seis grados centígrados- hace que no se pronuncien demasiado las burbujas y dejando al vino y la cuerva como los verdaderos protagonistas.

Es muy importante tener en cuenta el servicio cuando de vinos se trata. Por ello, no hay que llenar la copa hasta arriba, al contrario, se mantiene a mejor temperatura con menos cantidad.

A la hora de escanciar el vino debe atenderse a la velocidad, haciéndolo despacio y con suavidad. Así se consigue disipar el carbónico excesivo y pronunciar la cremosidad del vino elaborado con “Método Tradicional” o “Champenoise “.

La doble fermentación en botella y su carbonatación natural del vino llevaron a que el monje Dom Perignon lo asemejara a “beber estrellas”. Cierto es. Los aficionados a los vinos espumosos seguro que han experimentado esa sensación en alguna ocasión. Si, en cambio, no los has probado, debes hacerlo. No te arrepentirás.

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