El color es subejtivo, y como tal cultural. Aquello que puede significar algo en nuestras sociedades occidentales, adquiere tintes bien diferentes en otros continentes. Así sucede con el Yellow Day en la cultura anglosajona donde el amarillo no es sinónimo de mala suerte sino de alegría y optimismo.
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¿Por qué se celebra el Yellow Day en junio?
La respuesta está en la misma estación del verano. Para el 20 de junio, el solsticio estival se acerca en el hemisferio norte (en el hemisferio sur, llega de manera inversa al invierno) el periodo más cálido de todo el año.
Más sol, más felicidad
El verano trae asociados más horas de sol comportando cambios que influyen en nuestros ritmos circadianos más intrínsecos. Las jornadas se vuelven más largas y pasamos más horas en la calle, implicando un mayor consumo en bares y terrazas en países de tradición mediterránea.
A nivel biológico, el sol activa diferentes funciones. Una de ellas de vital importancia para el desarrollo metabólico de niños y mayores es la absorción vitamina D, por la fotosíntesis epidérmica que genera nuestro organismo. La carencia de la vitamina D puede conllevar trastornos asociados a diferentes patologías con la desnutrición.

Pero además, el verano se traduce para muchos en la llegada de las vacaciones (escolares) y periodos de descanso. En algunas empresas, las jornadas se ajustan mejor aprovechando una mayor intensidad de horarios.
Es momento de hacer planes que se traducen (en aquellos afortunados) en las ansiadas vacaciones estivales, acompañadas en ocasiones con agraciadas pagas de refuerzo o extras de verano.
Culto milenario al solsticio de verano
La procedencia etimológica del solsticio es la de sistere, del latín, “sol quieto”, por el tiempo de mayor exposición solar en la jornada diurna. Mayor número de horas solares que influyen también en el propio desarrollo orgánico de diferentes plantas y seres vivos.
Si la primavera es el periodo para la floración, tras el letargo invernal, el verano trae asociado la llegada del fruto en sus postrimerías. Sucede así en algunos frutales y también en cultivos leñosos como la propia vid, cuya cosecha llega, dependiendo de cada variedad y terruño, en la segunda mitad del verano.
El triunfo del sol conlleva unas fuertes connotaciones culturales ya a lo largo de la Historia. Diferentes civilizaciones adoraban al disco solar con una profunda carga espiritual.
En la mitología griega, fuente de la que bebe la cultura occidental, el dios Apolo era representado por el sol.
Al dios Apolo se asociaban otras muchas inspiraciones votivas a sus poderes: como la sanación, el equilibrio, la protección contra el mal, la belleza y la perfección.
En Egipto, el dios solar se representa con un escarabajo, y también conlleva una importancia de fuerza renovadora.
Incluso, el cristianismo asoció la llegada del mesías con el solsticio de verano. En realidad, su llegada en Navidad (a partir del 24 de diciembre) los días van siendo más largos hasta culminar con el propio solsticio de verano.
Una fiesta que se celebra en el arco mediterráneo con San Juan (24 de junio) en torno a hogueras, promesas y noches de celebración.
Pero no solo a orillas del mare nostrum. También en el culto al solsticio de verano ha tenido una importancia divina. El ejemplo más nítido se vincula al complejo megalítico de Stonehenge, al sur de Inglaterra.
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Se trata de uno de los lugares con mayor misterio, sobre el que hoy se especula un culto o interpretación astronómica, asociado al sol. Lo cierto, es que cientos de personas se concentran para saludar al verano, como celebración asociada al yellow day.
El amarillo en el arte y la pintura
Hay pintores que han encontrado en el amarillo uno de sus colores más evocadores de su paleta cromática. El color áulico estuvo omnipresente en todo el arte bizantino, con especial vinculación a las dinastías imperiales.

El rastro permanece de maneras más psicológica en artistas contemporáneos como el propio Van Gogh, cuyos, por ejemplo, girasoles amarillos poseen una fuerza lumínica de gran expresividad (aun con sufrimiento vital presente en toda la obra del genio postimpresionista).
Los Beatles cantaron en un curioso submarino amarillo en un simpática a la par que surrealista meolodía compuesta en 1968.
Una copa de vino en el Yellow Day
Psicólogos y expertos en meteorología coinciden en señalar esta fecha en contraposición al blue Monday, o lunes más deprimente del año.
Por eso, se nos ocurren diferentes formas de celebrar el Yellow Day, y podría ser, por qué no, con una copa de tu vino favorito. Por analogía de color, el vino blanco (en sus diferentes tonalidades) podría ser uno de las formas más plásticas y expresivas en su asociación.
Ya sea con un vino blanco de color amarillo pajizo a amarillo verdoso o limón, con sugerentes toques frutales; o incluso un blanco de paso por madera (variedad chardonnay), con tonos hacia el dorado, podemos celebrar, el Yellow Day, cómo y con quién queramos.