Historia de un vino tinto en la tinaja

Nueva entrega en Diario de un vino tinto. La historia de un vino joven en sus inicios, comenzando en la vendimia de la variedad tempranillo, en DO La Mancha.

Su vientre me cobija.

Respiro tranquilo, lentamente, en los poros de barro de la piel tinaja que mece mis sentidos. Todavía soy joven, con esa imberbe tez violácea que delata mi pubertad. Pero ya sugiero momentos, y hay quien suspira por besarme en copa.

El color violáceo define al diario de un vino tinto joven
El color violáceo define a un vino tinto joven

Prometo instantes y sé que mi presencia no decepcionará. Duermo las horas, y aguardo el momento, que ya les llegó a mis compañeros de añada hace apenas unas semanas por Navidad.

Son 4.000 litros (250 arrobas) de tinaja que pronto verterán sus anhelos en el cristal.

Entonces, ya embotellado, dejaré el lagar, me despediré de César, que tantas noches y jornadas ha cuidado mi equilibrio.

Soy joven pero me desean. Hay quien ya me ha catado, masticando los recuerdos, desflorando las esencias del terruño que me vio nacer en la reciente vendimia manchega.

Tengo carácter, y quien se acerca, pronto reconoce mi apellido.

Soy vital, soy fruta, soy tempranillo.

Exhalo fresa, cereza y algún fruto más del salvaje bosque que proponen mis virtudes.

No es preciso la urgencia: allá donde pronto me lleven, me quieren sosegado, estable y sin sobresaltos. Mi acidez total no supera los 4,3 con un sulfuroso ligero cercano a los 40 mg y la acidez volátil sobre los 0,40 mg.

La prueba de la pera

Así la llaman en laboratorio. Extraerán 100 ml de mi ser para congelarlo.  Si el precipitado es inferior a 0,3 dicen que seré un vino estable.

Prueba de la pera en el diario de un vino tinto

De lo contrario, precisaré de frío. Quizás también requiera grados negativos si tengo un destino lejano…

En lo sucesivo, también advierto.

No confundas mis encantos y abuses de mi compañía. Disfrútame a trago largo, sin prisa y con mesura.

Pues alimento el espíritu, remiendo las tardes de apacible sobremesa y  caliento el gélido gaznate de los rudos inviernos manchegos. Pero también zozobran los sentidos y el juicio de quien me disfruta, a destiempo, sin temple y mesura.

El tinto descansa ahora en la tinaja de barro a baja temperatura
El tinto descansa ahora en la tinaja de barro a baja temperatura

Soy potente, con vigor y besos no dejan indiferente. Mi estructura me sostiene y aunque quizás duro en el paladar, el tiempo limará mis labios de tanino.

Sigue la historia completa aquí:

Diario de un vino (I): listas y maduras
Diario de un vino (II): vendimia de tempranillo
Diario de un vino tinto (III): para quitarse el sombrero
Diario de un vino tinto (IV): de aquel milagro y levadura
Diario de un tino tinto (V): trasiego de anhelos

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