A las puertas del verano, ausencia de plagas o enfermedades
Ha sido, dicen, uno de los meses de mayo más tórridos que se recuerdan en los últimos años, con el mercurio en momentos más próximo a la plena canícula. Veníamos de una primavera inestable y más bien templada (se temió por las heladas en San Isidro) y por ello, las altas temperaturas casi veraniegas tomaron por sorpresa a más de uno.

No así a la planta. La vid en el viñedo manchego, incluso a pesar de algunas jornadas de viento solano, ha vuelto a dar señales de una gran resiliencia y como apunta José Manuel Flores, técnico de campo, “la floración ha sido óptima en términos municipales de Campo de Criptana (CR) cercana a un 85 %, lo que ha permitido hablar de un cuajado del fruto muy bueno”.
En parte, ha sido gracias a que estas altas temperaturas han permitido despejar cualquier atisbo de duda sobre la aparición de enfermedades criptogámicas asociadas a condiciones de excesiva humedad en el viñedo. Una tónica, por otra parte, habitual en el terruño manchego, con inclinación natural hacia la viticultura ecológica.
Con todo, el cuajado o cernido del fruto muestra un cierto adelanto con respecto a otros años, aunque no así en viñedos como de la variedad Airén. “Por tema de morfología y fenología de la planta, al viñedo en vaso le cuesta menos romper en la savia y esa semana de diferencia se nota”.

El verano manchego, impredecible en temperaturas
Tras el cuajado, como anuncia José Manuel Flores, entramos en “precampaña ya que en un plazo de 60 días las bodegas se preparan para la vendimia”.
Antes llegará el envero o cambio de pigmentación de la uva, marcando la recta final de la maduración del fruto en pleno periodo estival. Un verano que en La Mancha es severo en temperaturas pero, siempre impredecible en su dureza.










