croissant

Celebramos cada 30 enero la simpática efeméride con el Día internacional del croissant como uno de las piezas de bollería más presentes en la mesa.

¿Conoces el origen real del croissant? ¿Sabías la explicación de su forma en media luna? ¿Por qué fascina tanto su sabor? ¿Qué vino elegirías para disfrutarlo más intensamente?

Respondemos a éstas y otras preguntas con este artículo que hará a más de un goloso salivar de deseo.

Ingredientes y origen del croissant

No, no es Francia. Aunque muchos habrán podido disfrutar de sus texturas en las glamurosas terrazas de París. El croissant es un descubrimiento centroeuropeo, más concretamente, austríaco.

Bistro parisino. Imagen de AnnaliseArt para Pixabay
Bistro parisino. Imagen de AnnaliseArt para Pixabay

Nos remontamos al siglo XVII, concretamente al año 1683, cuando Viena, asediada por un poderoso ejército otomano, resistió venciendo posteriormente a las tropas jenízaras en la conocida batalla Kahlenberg.

La ciudad de Viena, cuna originaria del croissant. Imagen de de ArtTower para Pixabay
La ciudad de Viena, cuna originaria del croissant. Imagen de de ArtTower para Pixabay

El triunfo sobre los turcos, no solo puso fin al terror ejercido por la media luna en Europa durante siglos, sino que también consolidó las bases de la hegemonía del Sacro-Imperio Germánico en el corazón del viejo imperio, amenazada en ese momento por la alianza histórica de Francia (Luis XIV)  y Estambul.

Panaderos y su trabajo nocturno

Si en 1453, la irreductible Constantinopla cayó bajo el empuje novedoso de la pólvora, marcando el final de la Edad Media, en esta ocasión, la artillería turca se mostró más innocua. Lo que obligó a cavar túneles para salvar la muralla vienesa.

Cuenta la tradición que fueron los panaderos, quienes en sus jornadas noctámbulas de trabajo, percibieron el ardid dando la alarma en la ciudad.

Para conmemorarlo hornearon unos bollos especiales con forma de media luna para recordar al enemigo turco. De ahí, la derivación francesa croissant que significa creciente en referencia al creciente lunar de la referencia islámica.

Así, se recordaría esa batalla los 11 y 12 de septiembre de una manera dulce.

Ingredientes sencillos, sabor único

Con el paso de los años, el croissant se ha popularizado en todas panaderías y cafeterías del mundo, encontrando en la ciudad parisína un componente simbólico.

Aunque puede tener variantes (mayor o menor azúcar, chocolate, etc), sus ingredientes son básicamente la masa de hojaldre, la levadura y la mantequilla.

Esa textura crujiente y laminada lo convierten en un objeto del más puro deseo.

Maridaje de croissant con vino DO La Mancha

Su elaboración, rica en azúcares procesadas y carbohidratos, no lo convierte al croissant en una pieza de reclamo diario. Precisamente, ese consumo excepcional nos permite elegir un vino para ocasiones especiales, y qué mejor que un vino de La Mancha.

Respetando su receta original y sin sucumbir a mayores empalagos de azúcar y chocolate, proponemos dos armonías según versión dulce y salado.

Croissant con un moscatel de La Mancha

La sugerencia se torna irresistible en horas de cierta sobremesa u horas vespertinas, cuando el reclamo dulce del paladar se antoja todavía voluble. Al sabor del croissant se suma pues el aporte un vino naturalmente dulce (azúcar total será de 45 g/l), variedad moscatel.

Como reza el pliego de condiciones del Consejo Regulador DO La Mancha de los vinos naturalmente dulces son vinos con una concentración e “intensidad aromática altas, que recuerdan a frutas y/o confituras”. Por ello, pueden aportar esa cremosidad en boca muy adecuada para el hojaldre.

Croissant con un blanco airén

Si optamos por disfrutarlo en la hora cercana al aperitivo, o máxime, incluso como cena frugal, el croissant puede ser un snack muy apreciado en su versión vegetal y/o combinada con embutidos de pollo, pavo o jamón york.

Aquí la frescura de un blanco seco, variedad airén le aportará el complemento justo sin tapar el placer del croissant en el paladar.

Si además le añadimos un toque de queso francés como el brie, las posibilidades se multiplican con un blanco más aromática de recuerdos tropicales como un chardonnay o un sauvignon blanc.

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