Pocos municipios en la provincia de Ciudad Real resisten el envite con el carácter y la tradición de generaciones.

En Socuéllamos, se celebra la llegada del otoño, del cambio de hora, de las rutinas de invierno, al compás en la reducción de las horas de sol, coincidiendo además (como sucede también en el resto de municipios manchegos) con el cierre de ciclo y final de campaña de vendimia.

La festividad de los Santos

Se celebraba especialmente en Socuéllamos no solo como una cita festiva sino sobretodo comercial a modo de cita ferial en la ganadería: “Podría ser una de los orígenes de esta Feria sobre todo en época medieval, cuando la ganadería estaba muy presente en  la zona de Socuéllamos con el paso de la trashumancia, como se puede ver a través de las cañadas y veredas que transcurre por su término como los chozos de pastor y descansaderos”.

Así lo cree Isabel Sánchez, Licenciada en Historia por la Universidad de Valladolid, doctorada en Arqueología, Gestora de Patrimonio Cultural y especializada en turismo cultural con su empresa ‘Arquivolta’.

Rastreando el origen histórico de Socuéllamos

Su experiencia nos ha servido para rastrear los orígenes históricos de la villa de Socuéllamos.

Pozo de la Torrecilla, donde supuestamente habia un duende
Pozo de la Torrecilla, donde supuestamente habia un duende

Precisamente en el paraje conocido como Villarejo Rubios, se ciñen los primeros atisbos de población, en la linde de lo que hoy es el término municipal de Villarrobledo: “estamos hablando del poblamiento desde el Calcolítico hasta época romana, sería de los asentamientos más antiguos de Socuéllamos y de la comarca de La Mancha entorno a un punto de agua. 

La zona de los Santos es otro paraje junto a los Villarejos Rubios donde se encontraba un despoblado cuyo origen era de época visigoda hasta el s. XIV; llamado así por la ermita que se encontraba  en este lugar con los Santos San Bartolomé y San Nicolás”.

Tierra de encomienda y frontera

No obstante, el emblema histórico de Socuéllamos, “que quizás muchos desconocen”, se circunscribe al entorno de la Torre de Vejezate. Todavía hoy llama la atención el pequeño promontorio alzado en la misma curva que pronuncia la carretera secundaria que une Pedro Muñoz con Socuéllamos.

Ruinas de la Torre de VegezateNo sorprende que hoy bodegas como Vinícola de Tomelloso lleven como santo y seña de su bodega su Torre de Gazate, en toponimia con la mítica atalaya del río Záncara.

“Cuando se forma la Encomienda de Vejezate, en este lugar existe  en un antiguo emplazamiento de origen calcolítico y que perdura en el tiempo hasta época visigoda, junto al Río Záncara. En el siglo XIII la Orden de Santiago para controlar el territorio en esa parte de la Mancha Central, sitúa en este pequeño promontorio una torre de vigilancia con una muralla y del cual surgirá una población convirtiéndose en Cabeza de la Encomienda y controlando pastos, tierras e impuestos toda esta zona, y adquiriendo cierta importancia en esta zona de la Meseta”.

El realengo socuellamino no expira en el siglo XIII. Esta villa pasaría a convertirse en la tercera Encomienda de la Orden Militar de Santiago liderados por Don Antonio de Mendoza, a la postre primer Virrey de Méjico y segundo del Perú.

Socuéllamos y su ADN vinícola

Como en el resto de la llanura manchega, la repoblación medieval fue determinante en la asimilación de la población y los nuevos usos y costumbres.

Casa de Don Antonio de Mendoza en Socuéllamos
Casa de Don Antonio de Mendoza en Socuéllamos

La tutela fue para las órdenes militares como la de Santiago, muy extendida por toda Cuenca y parte de Ciudad Real. Como afirma Isabel Sánchez, “durante la repoblación de La Mancha de Vejezate, la vid o el viñedo se convirtieron en el cultivo referente para la permanencia de estas gentes Así, podemos encontrar datos concretos relacionados con el vino en Socuéllamos, por ejemplo en 1298 Juan Osórez, maestre de la Orden de Santiago concede a Socuéllamos unos privilegios repobladores donde todo vecino que plante dos aranzadas de viña sea libre de todo pecho y tributo salvo el diezmo al Convento de Uclés, esto lo encontramos en la Carta Puebla de Socuéllamos. En 1440 Gómez Mejía comendador de la Torre de Vejezate construye en Socuéllamos la primera cueva y bodega de vino con tinajas.”

Nos resulta, de esta manera, más sencillo comprender el gran arraigo viticultor con bodegas de gran peso y tradición en el municipio. Es el caso del liderazgo productor de Bodegas Cristo de la Vega, referencia cooperativa en Castilla La Mancha.

Su gama de vinos Yugo no solo recuperan la esencia tradicional de aquellos privilegios de la ‘carta puebla de Socuéllamos’ sino que también apuestan por conjugar las nuevas tendencias de mercado en sus vinos frescos y jóvenes, desde el respeto varietal de uvas como la blanca airén y la tinta tempranillo, señas de identidad de los vinos DO La Mancha.

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