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Hijos de la cultura clásica a la que tanto debemos, también el teatro es deudor de la antigua Grecia.

Existen evidencias de las primeras representaciones con carácter escénico ya en los siglos V ac, en en el contexto urbano de la gran Atenas. Solían ser dramas votivos ofrecidos al dios Dioninio (a la sazón, Baco en el posterior panteón romano), para celebrar la protección de las cosechas y el vino.

La competencia cultural y económica de las poleis griegas convirtió al teatro en un elemento de enjundia arquitectónica que después adoptaría una consideración mayúscula dentro la propia sociedad romana.

Durante  siglos la convivencia con la naturaleza fue plena en los teatros griegos

En Roma, si los juegos gladiadores y carreras de cuadrigas tenían un componente más lúdica asociado a la plebe, el teatro, gracias a su complejidad de discurso, pronto encontraría  acomodo y también disgusto (por su carácter sátiro y ácido hacia el poder) en las grupos sociales de mayor rango cultural y económico. 

La magia del teatro, en siglos y generaciones

En la Edad Media, el teatro bifucaría sus caminos hacia sendas profanas, distinguiéndose de aquellas obras de carácter sacro.

El teatro en el Siglo de Oro español

No sería hasta el Siglo de Oro, cuando el teatro encontraría su máxima expresión. Ante la decadencia del Imperio, con una corona desangrada en gastos de infinitas contiendas militares, la desidia, el hartazgo y la crisis espiritual de la sociedad castellana encontrarían en el Arte y las letras su mayor punto de expresión. 

La fertilidad llegaría desde la pintura, la música y por supuesto, la literatura. En este siglo, proliferaron plumas de gran inspiración universal como el propio Cervantes en prosa, junto a los versos de gran calado y genio de Góngora, Quevedo o el mismo Lope de Vega, considerado el “fénix de los ingenios españoles”, por su prolífica obra teatral.

El teatro de Almagro, cita ineludible

La profesionalización del teatro y su arraigo en la sociedad del Siglo de Oro encontrarían el Corral de Comedias su canal de expresión. Adscrita a la Orden de Calatrava, Almagro (CR), en La Mancha, es el firme exponente de una realidad y un legado que todavía permanece como patrimonio inmemorial entre nosotros.

Así lo refleja, además su Festival Internacional de Teatro Clásico, que con más de cuatro décadas a sus espaldas, convierte a las tórridas jornadas de julio, en la única alternativa cultural del turismo de interior.

Su sello de calidad y compromiso han conseguido incluso salvar “años horribles” para la dramaturgia como el actual contexto de pandemia, tan dañino a los escenarios mundiales.

Teatro y vino, de raíz clásica

Un teatro que ya desde la más remota antigüedad ha sido una constante en nuestra cultura, heredera de las raíces grecolatinas. A ellos, por supuesto, también les debemos el vino.

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Lope de Vega y Quevedo en la pasada de edición de Cervanvino en Madrid, en 2018La presencia del vino en el teatro ha sido una constante desde sus inicios en la Antigua Grecia, con una unión que ha perdurado a nuestros días de forma ininterrumpida. Más cercana en el tiempo, en una sociedad lacerada en las heridas sociales y económicas del Siglo de Oro, autores como Quevedo, Lope de Vega o el mismísimo Cervantes, hicieron del vino un personaje coetáneo a sus plumas.

El vino sirvió para inspirar algún pasaje teatral de los escritores del siglo de oro

Vino y Siglo de Oro en La Mancha

Autores que además de compartir recelo, envidia y visceral animadversión recíproca en sus sonetos, también compartieron mesa y pedencia regada en vino en las tabernas de aquel decadente Madrid.

Madrid, ahora y entonces, conectada a La Mancha en su extensa llanura. Cervantes fue visionario y genial en su retrato (cruel en ocasiones) de aquella Mancha, en los ojos, aventuras y desventuras de un demente hidalgo castellano. 

Pero no fue el único. Quevedo pasó sus ultimas horas de vida en el Campo de Montiel, donde municipios como Torre de Juan Abad o Villanueva de los Infantes, en la provincia de Ciudad Real, exhiben su paso.

El vino de La Mancha también aparecía frecuentemente en las obras enmarcadas en el Siglo de Oro, cumbre de la creatividad en el teatro español… ¡Y no por casualidad!. Los escritores que pasaron por La Mancha, recorriendo sus campos plagados de vides, y probaban nuestros vinos quedaban gratamente marcados por esta experiencia que más tarde plasmarían, de un modo u otro, en su obra.

Obviando, lógicamente, las experiencias de Sancho, avezado catador, también hay referencias de Quevedo (que anduvo por el Campo de Montiel y cuyos huesos fueron a parar a la Villanueva de los Infantes) y el propio Lope de Vega. El fénix de los Ingenios españoles dedicó una obra al Galán de la Membrilla, municipio de La Mancha, en la provincia de Ciudad Real.

El gusto por el vino  era tendencia en la época, siendo consumida por personas de todo pelaje debido a su accesibilidad económica, y el teatro ha dejado una huella artística para el recuerdo.

El teatro es cultura, pero también el vino. Con el marco de esta unión que se ha fortificado durante siglos, ¿qué mejor forma de celebrar el Festival de Almagro que con un vino DO La Mancha?

Como los textos clásicos, que maceran y mejoran con el tiempo, el vino en crianza es aliado del  largo sueño de madera.

Estefanía del Castillo como Dulcinea en Cervanvino
Estefanía del Castillo como Dulcinea en Cervanvino, en Madrid 2019

Y la vida es sueño, que diría aquel…

Además, puedes completar la experiencia con la recomendación de maridaje especial para la ocasión que te ofrecemos en nuestro blog: cordero y berenjenas de Almagro, receta típica por excelencia de la localidad, que acompañada por un vino manchego hará las delicias de los comensales que disfrutan del que ya es uno de los festivales de referencia en el arte artes escénico.

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