Cine y vino, siete películas para siete copas

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Muchos se habrán hecho la pregunta, ¿Por qué no disfrutar de Cine y Vino a la vez?. Ambos seducen los sentidos. Ambos permanecen en el recuerdo de su tiempo y añada en que fueron estrenadas y embotellados; y ambas también mejoran, en ocasiones cuando se los degusta con el paso del tiempo. Si el cine, aquella ‘fábrica de sueños’ nos reconforta en la evasión de aventuras e historias por vivir (soñar e idealizar), transportándonos a otros mundos y otras realidades, el vino es en esencia, la captura de las mismas sensaciones navegando a través del paladar. Se disfrutan con trago largo, sin prisas y moderación.

Pretendemos en este listado combinar siete tipos de vinos con siete películas, que de alguna manera han marcado nuestra retina. Seguro que más de uno reconoce o tiene en su memoria alguna escena famosa donde el vino haya jugado un papel especial; por no hablar de aquellos momentos donde la sensualidad atmosférica que envuelve a una copa de vino entre amantes, ha dotado a la cinta de un aroma especial.

1.Sideways (Entre Copas) con… un tinto Pinot Noir


Es seguramente la película contemporánea que más resume el diálogo de Cine y Vino. Incita al enoturismo y la afición por el consumo de vino. Lo que pasaba por ser una monótona despedida de soltero planeada por el Valle del Napa en plena California, se convierte en un torrente de vitalidad, enredos y amor entorno al vino. Ya querríamos nosotros en España, una producción semejante que defendiera la uva tempranillo como lo hizo con la Pinot Noir en este film. Sus ventas se dispararon ese año, por cierto.

2.  El silencio de los corderos con un crianza (cabernet sauvignon-tempranillo)


El tándem protagonizado por la niña prodigio Jodie Foster y Anthony Hopkins ha pasado a la historia del cine por ser uno de los más interesantes en riqueza de dialogo, repulsa, respeto y admiración a partes iguales. Clarice Starling investiga el caso de un asesino en serie con ayuda de otro psicópata, Hannibal Lecter, antropófago asesino, inteligente y sibarita. A más de uno se le pone la piel de gallina cuando desvela en la primera conversación su particular propuesta de maridaje: ‘vino chianti de la Toscana con…’ Nosotros recomendamos, eso sí, un crianza DO La Mancha con un clásico coupage de dos variedades que soportan en comunión perfectamente su paso por barrica Cabernet sauvignon-tempranillo con carne…animal, faltaría más.

3. Un buen año…con un blanco moscatel


No responde a la calidad en el hilo argumental que la anterior, pero es la perfecta y armónica compañía de sobremesa para las tardes de televisión en el sofá de Cine y Vino. El señor Rusell Crowe recibe la herencia de un viñedo francés casi a la deriva, para después conocer a su media naranja en el pueblecito vecino.  Se enamoran y lo deja todo en su vida de trabajo estresante en la city. Así de sencilla. Sigue los tópicos del encantador paisaje de campiña francesa con sus chatou…nada nuevo que no sorprenda de las producciones americanas que de vez en cuando se acuerdan del viñedo galo. Nos gusta por su trato respetuoso a la viticultura como emblema familiar, pero a veces peca del decoro empalagoso. Un blanco moscatel, naturalmente dulce, le va de maravilla…si además lo acompañas con un postre, miel sobre hojuelas.

4.  La Princesa prometida…con un blanco chardonnay de paso por madera o un blanco airén


Esta película grabada en 1987 ha marcado la infancia de muchos de nosotros por su entrañable banda sonora (Mark Knopfler). Se trata de una historia de aventuras con dosis románticas de un pirata bueno que busca rescatar a su amada del rapto de unos torpes y cómicos esbirros. La escena del juego para brindar con vino y supuesta copa envenenada es un alegato al ingenio, la lógica y el buen humor  inteligente. Hemos elegido un blanco de cuerpo, un chardonnay fermentado en barrica en el guiño a una película que ha envejecido bien, sin perder su refrescante frescura. Si es la primera vez que se contempla esta película, su novedad y frescura valen la pena acompañarlas con un joven airén, de toques afrutados y ligero paso por boca.

 

5. Ben-Hur…con un tempranillo semidulce


Qué decir de esta película estrenada en 1959, protagonizada por Charlon Heston, referente histórico del cine épico de romanos. Sus carreras de cuadrigas son el imaginario colectivo que recuerda aquella titánica lucha en la spina del Circo de un noble de familia judía (condenado a galeras) y su antiguo amigo Mesala (tribuno romano), un temible adversario implacable con sus veloces corceles negros. Dejamos aquí una escena de Cine y Vino memorable. Está en inglés pero el juego de miradas es universal. Hay quien ha interpretado, incluso como un gesto de burla a la censura de Hollywood el brindis teñido de cierta homosexualidad que realizan ambos, como buenos romanos, entralazando sus copas entre sus brazos. Ya se sabe, el cine se presta siempre al doble sentido. Nosotros ponemos el vino para esta escena y elegimos un tinto semidulce, que algo puede acercarse a los vinos especiados en miel que tanto gustaban a plebeyos y patricios de la Antigua Roma.

 

6. Bon appétit…con un tinto syrah roble


Chef y sumiller, o lo que es lo mismo, Unax Ugalde y Nora Tschirner, forman una entrañable pareja de amor ideal (no correspondido) en plena Suiza. Magistral banda sonora de los islandeses Sigur Ros junto a momentos donde la creatividad de uno y las dotes catadoras de la otra, aportan frescura a esta película que gana enteros por evitar empalagos románticos. Un tinto de leve paso por madera con rastros de fruta, un roble, un syrah por ejemplo..por eso del título, puede ser la copa ideal para disfrutar esta película.

7. Noche de vino y copas…con un malbec (bobal, petit verdot o monastrell)


Cerramos la serie citando un film de corte argentino pero firma danesa, quizás la menos conocida. Recoge todos los registros estereotipados de la sociedad porteña: tango, fútbol (Boca Juniors), celos y pasión. Todo ello, aderezado con agudos diálogos y el pesimismo existencialista y a la vez vital que circunda a Buenos Aires. Si además añadimos vino y conocimientos vinícolas, se disfruta más con una copa de tinto malbec en la mano. Variedad minoritaria en La Mancha, se aceptan otras versiones. Con un petit verdot de fuerte intensidad cromática, un monastrell con cercanías levantinas o incluso un bobal con suave tanino de altitud conquense pueden ser también perfectas combinaciones.

 

El criterio es absolutamente subjetivo. Si alguna otra película se ha quedado en el tintero, pedimos disculpas, y nos quedamos con la cita que resume el maridaje eterno entre Cine y Vino, a cargo del maestro Fellini, un genio del celuloide italiano:

Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.

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