Uva tempranillo, lista para la vendimia

De la cepa a la copa, os relatamos en diario, la historia de un vino tempranillo, desde la uva en la vid hasta su salida final en botella

No soy vino, todavía resido en la vid, que tan bien me ha nutrido durante todo estos meses. Dicen que ha sido un año generoso en lluvias, y lo hemos notado, a nosotras, de secano, que tanto miramos al cielo.

El manto verde y protector de las pámpanas nos ha cuidado del rigor del verano, y cuando nacimos, allá en la primavera, el tiempo nos ha cuidado, sin arrojarnos granizo, sin el frío aliento de mayo que hiela el brote tierno de vid(a); sin secar en demasía nuestro alimento, con el abrazo tórrido de las tardes de julio.

Ahora, por fin, somos fruto y estamos preparadas, listas, dulces y en su justo equilibrio;  maduras para ser recogidas. Así lo cree César, quien hoy nos vino a visitar bolsa y navaja en mano, llevándose racimos de algunas de nuestras compañeras.

 

Tinta tempranillo de secano en DO La Mancha
Tinta tempranillo de secano en DO La Mancha

Su mirada era paciente, satisfecha y anhelante. Nos lleva cuidando todo el año, desde el invierno, sesgando los brazos de mi morada; cuidando los cabellos verdes de mi tejado; acariciando el hollejo para palpar la pruina, o cera que recubre nuestra piel.  Últimamente, incluso hasta mordisqueando a susurros la membrana en alguna de mis hermanas.

Me presento. Soy tinta, y me apellido tempranillo, una familia extendida por todo el viñedo español, aunque en La Mancha también me conocen como cencibel.

Mi paraje es casi centenario, lo llaman cutriviejo, en Villarrobledo, Albacete. Allí  nací hace unos meses, sobre lecho de caliza y arcilla, entre carrascas y bellotares, a salvo de algún voraz conejo, a unos 740 metros de altura.

Soy de secano y resisto largos veranos sin probar gota, aunque he sido feliz, muy feliz este año. He disfrutado con jornadas tranquilas y noches frescas no hace mucho.

César José Velasco en su laboratorio de Bodegas César J. Velasco, en Villarrobledo, Albacete.

No teníamos prisa por crecer. César decía que todavía nos faltaba tiempo y sol para ser maduras. No así hoy, parece que por fin, dejaré la planta, para ser cortada.

Me precedieron mis hermanas para muestreo y según he oído, estamos todas preparadas, las que viven en la parte de ladera y también las que hemos nacido más en barranco.

Me siento bien, en forma, atravieso por mi momento dulce, y apetezco. Eso dicen mis análisis de mosto en laboratorio. Con 14,20 grados baumé, 3,48 en Ph y 5,35 de acidez total, no cabe duda de que se acerca, por fin el momento.

Midiendo la acidez
Midiendo la acidez

 

Las espero a ellas, manos viticultoras que tanto me han mimado. Los espero a ellos, manos de vendimiadores para dormir en la capacha, para sentir el filo cortante de la tijera sobre el  gaznate de tallo verde.

No sentiré dolor, sino alivio y gratitud…por fin llega la vendimia

Sigue aquí la historia completa

Diario de un vino (II): vendimia de tempranillo

Diario de un vino tinto (III): para quitarse el sombrero

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