Patio exterior de la Casa de la Torre

Parada y reposo tras los pasos del Hidalgo Caballero, visitamos la hospedería rural dedicada a Cervantes en El Toboso.

Sobria, adusta y castellana, en una seca y gélida mañana invernal, nos recibe la Casa de la Torre. De formas sencillas y solariegas, mimetizadas en el entorno limpio de una villa, por la que discurren viajeros y quimeras, ideales eternos y referencias comunes a la más universal de las novelas.

Descanso en la villa de la musa Dulcinea

Quien acude en la visita de El Toboso es sabedor de los encantos de lisonja cervantina escondidos en cada rincón de sus coquetas calles, impolutas en el paso del tiempo. Certera y real, y la vez imaginaria, la cuna de la musa del Quijote esconde aquellos secretos y bellezas que uno mismo quiera imaginar (descifrar), soñando (y buscando) a su propia Dulcinea.

Donde todo rezuma Quijote

Quien traspasa el umbral de la Casa de la Torre lo hace para seducir sus sentidos, y quizás, sucumbir a la misma demencia febril, literaria y soñadora, que Alonso Quijano.

Cueva interior, antigua despensa
Cueva interior, antigua despensa

De hecho, tras cruzar las primeras estancias la mirada se posa en un lugar que, hechiza y contagia, al punto, el corazón viajero. Es el despacho de Don Quijote. Aquellos mismos legajos, novelas y manuscritos que secaran el seso y nublaran el juicio de aquel noble hidalgo “de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, hoy arrancan la empatía peregrina sin distinción patria y sexo, patria y cultura.

Un proyecto de “Quijotes” soñadores

Se accede a través de un pequeño zaguán, convertido en mesa de tasca y vino. Habilitado para dar descanso en el viajero que quiera reposar la jornada al calor de una copa de vino manchego. “De hecho, lo hemos preparado así para ser esencia y parte de la nueva Ruta del vino de La Mancha”, según subraya, Rachele Lo Piano.

Su acento transalpino delata su origen. Colabora, con Isabel, el ama de la Casa de la Torre, en Viajar con Cervantes, un proyecto cultural europeo que trasciende la oferta turística, para convertirse en una “oferta cultural inédita, pensada para ofrecer a los viajeros los lugares europeos vinculados a la vida y obra del  genio de la literatura española”.

Rachele Lo Piano (izquierda) e Isabel Fernández (derecha) brindan con un tinto
Rachele Lo Piano (izquierda) e Isabel Fernández (derecha) brindan con un tinto.

Así lo explica con vitalidad contagiosa Rachel. Grácil y alegre se mueve con naturalidad entre las estancias de la casa. Con la misma fluidez latina de inspiración en los siglos XVI y XVII, donde Italia, Castilla y Flandes caminaron de la mano como focos creadores con brillo y luz propia.

Rachele e Isabel cristalizan desde Roma y El Toboso, respectivamente, la vinculación artística de Cervantes y su contexto. Como la fuera Dulcinea en el alma de su noble caballero, La Casa de la Torre quiere ser lanzadera del proyecto.

El Quijote comprende muchas lecturas. Novela de caballerías; aguda y mordaz sátira social, o incluso, como ya desvelan, sus primeras líneas, un recetario popular de la cocina castellana: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

El Quijote es también un verdadero tratado psicológico en la dualidad eterna de sus personajes (Sancho-Quijote) y sobretodo,  “es un divertido libre de viajes”, asevera trivial, Isabel Fernández, ama de la Casa de la Torre.

Estancias con encanto y guiño cervantino

El mismo periplo que uno mismo puede realizar cuando atraviesa sus aposentos temáticos. Ampliada sucesivamente y con una capacidad real para dar lecho y cobijo a 22 personas, la Casa de la Torre comprende habitaciones bautizadas con nombres alusivos a Cervantes y su obra. Así, el viajero puede descansar en la estancia de Rinconete y cortadillo, El Licenciado vidriera, La Española inglesa, o La Gran Sultana, ésta última, con un toque oriental y exótico, de claras reminiscencias berberiscas.

 Historia de La Casa de la Torre

En origen, se trata de una vivienda que conserva parte de la estructura original del siglo XVI.  Como describe Antonio Aradillas en su web, el nombre de la Casa de la Torre, responde al pozo público que comparte con el de la Cañada Real y del Camino de la Seda de Toledo a Murcia, así como al hecho de que la profundidad del mismo pozo es idéntica a la altura de la torre de la Iglesia con la que ‘dieron’ o ‘toparon’ Don Quijote y Sancho en la neblinosa y mágica noche del frustrado encuentro a la búsqueda de la inverosímil casa-palacio encantado de la Señora Dulcinea”.

Habitación individual del Licenciado vidriera
Habitación individual del Licenciado vidriera

En los avatares convulsos de una sociedad rural, condenada al ostracismo social en la pervivencia de las viejas estructuras del Antiguo Régimen, durante gran parte del siglo XIX, hay ya constancia documental de la Casa de la Torre, que aparece inscrita en unas  escrituras de partición en los herederos de Isidoro Arias, a la sazón, presbítero de El Toboso, fallecido concretamente en 1844.

Sería su sobrina, Dolores Arias, heredera de la mitad del patrimonio, quien vendería la casa a Diego Fernández – Fontecha Nieto, vecino de La Roda, que se instaló  en El Toboso, allá por el año 1890. Su apellido está hoy ligado al nacimiento de uno de los concesionario de coches con más arraigo en la vecina Quintanar de la Orden.

A la par que contraría nupcias con Ángeles de Diego Labrador, vecina de El Toboso, decidió emprender un negocio vitivinícola in crescendo por aquel entonces, construyendo una bodega sobre el solar, dedicado anteriormente labores de ganado ovino.

La Casa de la Torre en el siglo XX

Lamentablemente, murió durante la Guerra Civil pasando,  “en 1944 a ser comprada por un matrimonio de El Toboso muy popular por ser gente de negocios que la vendieron en el 1948 a  Elvira Manzanares. Esta familia derribo la bodega construyendo otra mayor que ha tenido actividad hasta el año 1993.”

En el año 1995, dividida ya la estructura, una constructora compro la parte de la bodega y el resto de la finca donde estaba la construcción de la mitad de la vivienda del siglo XVI. La otra parte fue a parar a manos de Isabel Fernández, actual regente quien poco a poco fue restaurándola.

Estancia de la Casa de la TorreComo explica, “en la zona donde estaban las cámaras y atrojo se construyeron las primeras seis habitaciones para el hospedaje, con las que inauguramos la Hospedería el día 30 de octubre del año 1996.”, siendo la primera hospedería rural en La Mancha.

 A lo largo de los siguiente de los siguientes años fuimos construyendo en el solar otras dependencias y más habitaciones hasta las 22 plazas con la que cuenta la Hospedería. 

Y como el vino, la casa habla con el tiempo, repleta de anécdotas y recuerdos.

El Quijote en sus entrañas

Isabel es ferviente cervantina. Enamorada de su obra ha vertido sobre la Casa de la Torre las inquietudes por una novela que desde que se publicara, en su primera parte, en 1605, se ha convertido en uno de los libros más editados de la historia.

Detalle del Quijote políglotaSu contribución ha estado en  una “edición manuscrita del Quijote, realizada por los amigos del Hidalgo en todo el mundo. La edición reúne capítulos copiados en 45 Lenguas y Dialectos”.

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