Castillo en Belmonte al atardecer

Hay parajes y lugares  que son historia. Pero también existen edificios que precisamente condesan esa historia en cada una de sus grietas y rincones.

Es el ejemplo del castillo de Belmonte, testigo pétreo y secular de los acontecimientos más relevantes de los siglos pasados.

Basta con ello, una rápida hojeada a su línea de tiempo cronológica para sellar el compromiso temporal y la vinculación histórica de esta fortaleza, coquetamente remozada a palacio durante el siglo XIX, y más aún, convertida en bastión épico del celuloide, como parte del escenario de El Cid, superproducción hollywodiense durante aquellos años 60, cuando el turismo era un embrión gestacional de aquellos planes de estabilización franquistas.

Bajo titularidad privada (y nobiliar), restaurado en sus estancias interiores, el castillo de Belmonte es un museo que permite las visitas teatralizadas, eventos de celebración y protocolo, y hasta diversas citas con los apasionados del pasado (combates medievales, recreaciones históricas, etc).

Origen renacentista y retoques del S.XIX

Su origen es bajo medieval, cuando en la Castilla del siglo XV empezaban a colarse tímidamente las resonancias creativas del quatrocento italiano. Más sobria, la sociedad castellana concibió la asunción de las formas clásicas de una manera más austera, con posos permanentes del gótico en sus formas.

Una muralla perimetral se une al complejo castrense con forma pentagonal, aportando un aspecto compacto pero no excesivamente robusto y defensivo a todo el conjunto.

Almenas del Castillo en Belmonte
Almenas del Castillo en Belmonte

Llama la atención del visitante su portada, de formas góticas, con una arquitectura de planta singular, conocida según algunas fuentes como “estructura atenazada”, esto es, “un triángulo equilátero con dos cuerpos en dos de sus lados, y en el otro, la torre del homenaje; triángulo que, mediante la barrera exterior, se convierte en polígono de nueve lados con torreones en los vértices”.

Aires de transición estética para tiempos convulsos

Cuando el visitante camina por las estancias del castillo respira poder, cierta ambición y hasta una leve ostentación, pero no excesiva elegancia y finura. Lejos de las funciones puramente residenciales y estéticas de los castillos franceses, Belmonte insufla en sus costados un aire castrense, sujeto a los pugnas de palacio que tensionaban la corte de Castilla en aquellos años.

Fue construido en la segunda mitad del siglo XV por Juan Pacheco, Primer Marqués de Villena, en un periodo sumido en la inestabilidad política en el reino de Castilla. De hecho, Juan Pacheco, con manifiesto poder de influencia sobre el soberano Enrique IV (hermano de Isabel) se distinguió por ser uno de los más firmes oponentes al bando de los Reyes Católicos durante la Guerra de Sucesión que asoló los campos castellanos del 1475 al 1479.

Así, el recinto amurallado responde a los criterios defensivos donde la pólvora y los baluartes ya jugaban un papel crucial en los asedios. Estamos en el ocaso de la Edad Media, donde los señores feudales irán perdiendo peso en favor del Estado Moderno y sus monarcas.

A Juan Pacheco le tocó el bando perdedor y aunque sus muros todavía hoy se vanaglorian de haber dado cobijo y descanso a la desdichada Juana ‘la Beltraneja’ (marioneta dinástica en manos de la nobleza que reivindicaba el trono legítimo de Castilla frente a Isabel ‘La católica’), el Castillo de Belmonte no permanecerá incólume a los avatares posteriores de la historia.

La artillería con un papel crucial en la defensa
La artillería con un papel crucial en la defensa en este castillo bajomedieval.

Todavía hoy, entre una salva de inofensivos cañones un divertido juramento de vasallaje se toma a los turistas que acceden a visitar el Castillo. Una leve retazo para advertir de quien fuera Señor y dueño del Castillo “no olvida a quien presta servicio en sus levas”.

La reciente restauración guía la visita por sus salas y galerías en un recorrido visual, ilustrativo y muy pedagógico que acierta a explicar el medievo a los escolares. Los más sensibles al arte y la escultura repararán en la capilla o sala de los embajadores, distinguida en su techumbre por sus artesonados mudéjares. En la misma sala, obra de Juan Guas es el “bestiario medieval” de gran factura y belleza.

Un castillo ligado a suerte Bonaparte

Pero las paredes del Castillo de Belmonte esconden más secretos, desvelando entre detalles de historias singulares como por ejemplo el paso de la Guerra de la Independencia, donde las tropas napoleónicas fusilaron al tío Camuñas, un sanguinario bandolero que había causado el terror en las filas francesas en los montes de Toledo.

En el mismo siglo XIX, el Castillo de nuevo cae en manos de la dinastía Bonaparte, a través de Eugenia de Montijo, la emperatriz consorte de Napoleón III (1852-1870).

Patio de armas del Castillo en Belmonte
Patio de armas del Castillo en Belmonte con fachada de aires palaciegos.

La restauración de algunas de sus estancias dotaron al castillo de un refinado toque francés, al gusto de las preocupaciones estéticas de las cortes europeas.

De Marqueses a manos ducales

En la actualidad, el Castillo de Belmonte vuelve a manos nobiliarias, siendo propiedad de la Casa Ducal de Peñaranda descendientes de la Duquesa de Alba. En una de sus alas, tiene dependencias para discreto uso privado.

  

Los principales hitos del Castillo de Belmonte: línea del tiempo

1456: Construcción del Castillo de Belmonte

1475: Guerra Civil castellana: acoge a la princesa Juana de Trastamara frente a su tía Isabel (La Católica)

1488: Visita de los Reyes Católicos

1808: Guerra de la Independencia. Se convierte en prisión de las tropas napoléonicas

1857: Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia restaura el Castillo

2010: Acuerdo entre las Casas de Peñaranda y Montijo y administraciones para la rehabilitación del Castillo

2014: Primera edición de los combates medievales

 

Un Castillo muy cinéfilo

Su planta original y buena disposición en colina ha servido para inspirar a diferentes cineastas:

  1. Se rueda El Cid, de A. Mann con Charlon Heston y Sofía Loren

  2. Se ruedan algunas escenas de Juana La Loca, de Vicente Aranda

  3. El Caballero Don Quijote, de Manuel Gutiérrez Aragón

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