Calavera tempus fugit

Desde los primeros estadios de la civilización, cuando el ser humano adopta nuevos hábitos tribales, en aquellos primeros grupos de subsistencia paleolítica, la muerte ya comienza a ser vista de cara, asumiendo su presencia y complejidad, en el sentido más antropológico.

Es precisamente cuando aparecen los primeros asentamientos sedentarios y estas primeras comunidades o grupos prehistóricos asumen una mayor complejidad en sus comportamientos.

Casi podría decirse que el tránsito cultural hacia fases de crecimiento económico, cultural y evolutivo aparece como respuesta (impuesta) ante las ultimas preguntas existenciales, en un sentido trascendental como mecanismo  de protección que les ayude a afrontar la ausencia de los seres queridos que supone la muerte.

El vino ha sido parte consustancial al reto existencial de afrontar la muerte.

¿Qué hay tras el umbral de la muerte?

Su presencia con picos de mayor o menor tasa de mortalidad en las diferentes fases evolutivas del hombre queda siempre asociada a la religión, a los ritos de enterramiento, al modo en que el ser humano, en definitiva, ha buscado una explicación y una respuesta ante aquello que, en el fondo, siempre hemos desconocido, porque (misterios esotéricos aparte) nunca la ciencia lo ha testado empíricamente.

Nadie puede dar respuesta porque no hay constancia científica del viaje sin retorno que supone la muerte. Nadie ha vuelto para contarlo.

La muerte en la Antigüedad

Aunque la cuna de la civilización viene de Oriente Próximo con el Creciente Fértil, abordaremos aquellas culturas que han sido  nuestro cimiento actual.

El más allá en el Antiguo Egipto

Una de las culturas que más fascinación nos causa es Egipto. Su complejidad cultural, su desarrollo económico y sobre todo sus capacidades técnicas a la hora de edificar aquellos proyectos faraónicos (nunca mejor dicho) llamadas pirámides, y que hoy han llegado hasta nosotros son motivo de admiración.

Las pirámides reflejan la importancia de la muerte en el antiguo Egipto
Las pirámides reflejan la importancia de la muerte en el antiguo Egipto.

Aquellas pirámides construidas durante las primeras dinastías del Imperio Antiguo reflejaban el deseo de perdurar en la otra vida (eterna), cúspide de las inquietudes en el sistema de creencias del mundo egipcio.

Papiro egipcio donde se aprecia la iconografía de sus dioses.

Tal y como describe El Libro de los Muertos junto a los hallazgos arqueológicos , la profundidad de pensamiento del mundo egipcio ya se revela importante. Todo giraba en el viaje al reino de Osiris por medio de  la posesión de su Ka (alma) junto al Ba (espíritu) junto a la momificación y el ajuar acompañante que a los difuntos le servía al Akh o fusión de ambas para el viaje eterno.

No se ha constatado si en esas vituallas para la otra vida, el vino jugara un papel determinante.

Hay quien ha interpretado el cisma de Tell Amarna con el faraón  Akenatón como un primer referente del cristianismo en el dios único, el dios solar (Atón).

Thanatos en la cultura grecolatina

Se cree que en el mundo clásico, la Esperanza de vida no superaba los 28 años de edad. Una cifra hoy efímera si la comparamos con la actual en el mundo desarrollado.

Entre los factores más dominantes, además de las frecuentes guerras en un clima de inestabilidad, también resultaban determinantes las propias condiciones insalubres de vida en las ciudades, propensas a plagas y enfermedades.

Caronte y la laguna Estigia

No obstante, la muerte era concebida con respeto en el mundo antiguo. En la Grecia Clásica, se afronta su transición con bellos pasajes mitológicos como la laguna Estigia, referente mental en nuestro ideario colectivo gracias al magistral cuadro flamenco de Patinir, ‘El paso de la Laguna Estigia’.

Estigia,  era uno de los cinco ríos del inframundo, cuyas aguas resultaban malditas. Se dice, incluso que Aquilés recibió su fortaleza e inmortalidad en el combate al ser sumergido por su madre Tetis hasta los talones en el nauseabundo liquido estigio.

El paso de la laguna Estigia. Patinir. Imagen cedida por el Museo del Prado
El paso de la laguna Estigia. Patinir. Imagen cedida por el Museo del Prado

La misión del Estigia no era otra sino servir de frontera entre el Hades (o mundo de los muertos) y el mundo de los vivos. En sus aguas morían ahogadas las almas de aquellos condenados.

El personaje más conocido es sin duda Caronte, el hosco barquero encargado de cruzar aquellas almas en pena a la otra orilla. Allí, les esperaba la temida criatura del (can)Cerbero, (símil recurrente en el argot futbolístico).

Caronte cumplía su rutinaria y taciturna misión exigiendo a cambio en pago un óbolo o moneda a cambio. Por eso, en la iconografía clásica acompañaban al cuerpo de los difuntos con una moneda en la boca o en la cavidad ocular.

El alma difunto debía pagar con una moneda al barquero por cruzar
El alma difunto debía pagar con una moneda al barquero por cruzar

Aquellos bendecidos por los dioses realizaban su viaje a los Campos Elíseos, como paraíso eterno para los dichosos.

En esto, el cine ayuda a construir la imagen con Russel Crowe caminando hacia su familia mientras acaricia un mar de trigales en mayo, bajo los acordes de Hans Zimmer y la voz melódica de Lisa Gerrad en Now we are free.

El vino en los banquetes funerarios

EN GRECIA LA SEPULTURA ERA SEÑAL DE RESPETO AL DIFUNTO.

Su incumplimiento era motivo de ofensa personal a su memoria con grave perjurio también hacia los dioses.

Por eso, incluso en tiempos bélicos, se guardaba con celo y precepto el cumplimiento de la sepultura como vía de acercamiento y viaje hacia el Hades. Por motivos fundamentalmente higiénicos, el enterramiento respondió en la Antigüedad a ritos de cremación.

Posteriormente, el cristianismo bajo los textos evangélicos de la resurrección de la carne y la vida eterna en el final de los tiempos, cambiaría la costumbre hacia los ritos de inhumación. Algo que se contempla en los bellos sarcófagos de gran belleza plástica durante las primeras comunidades cristianas en el Bajo Imperio Romano.

Como reflejan algunas fuentes clásicas y después han demostrado los hallazgos arqueológicos, el vino ya formaba parte de aquellos funerales, o Taphos, que incluía además juegos fúnebres en honor al difunto.

Máscara funerariaLa primera mención clásica a tal efecto son las fuentes homéricas donde ya aparece en la propia Iliada con los  juegos (competiciones atléticas) en honor al funeral de Patroclo, durante los cuales se respetaron unos días de (luto) o tregua entre Aqueos y Troyanos.

Conocemos el comportamiento funerario de los enterramientos griegos por vía indirecta gracias a las necrópolis íberas, cuyas elites mostraron una predilección por la importación de cerámicas áticas en el consumo de vino.

Recreación de los rituales funerarios íberos. Imagen cedida por la Asociación Tierra Roja de Alhmabra
Recreación de los rituales funerarios íberos. Imagen cedida por la Asociación cultural ‘Tierra Roja’ de Alhambra (CR)

Siglos más tarde, la misma Roma adoptaría en sus rituales de enterramiento como asimilación cultural del mundo clásico.

Como confirman estos recipientes cerámicos, las libaciones no eran sino brindis a modo de ofrendas realizados en los rituales funerarios como recuerdo al difunto y gesto votivo hacia la divinidad.

cerámica griega

El vino y su valor simbólico

Durante dichas libaciones se vertía el vino sobre el fuego por considerar su significado mágico y vital. No en vano, al vino tinto se le asocia una  profunda simbología ritual en analogía con la sangre y la inmortalidad en el más allá.

El culto a los muertos en Roma

En Roma, la dignidad social del cargo exigía todo una pompa y boato de cortejos fúnebres que más tarde se mantenía con el culto a los difuntos familiares. La responsabilidad era del propio Pater Familias quien debía recordar con ofrendas florales a los antepasados.

Incluso, a modo de máscaras y estatuillas se veneraba sus espíritus como parte de los dioses lares encargados de velar por la prosperidad en lar del hogar (domus).

Memento Mori

Proverbio latino cuya traducción literal es “recuerda que eres mortal y vas a morir”. Breve y contundente, casi un susurro, era pronunciado por un sirviente que a la vez portaba el laurel del triunfo de aquel general victorioso en su carro vencedor por las calles de Roma.

Ruinas del foro romano
Ruinas del foro romano

El llamado triunfo permitía desfilar a los dirigentes militares junto a sus tropas a modo de reconocimiento social, cuasi divina por parte del pueblo romano.

Sin embargo, esa dignidad tan ansiada era fugaz como la propia vida, y recordaba que hasta los más osados generales romanos tenían los días contados y la entrada vetada al inmortal Olimpo de los dioses.

La muerte en la Edad Media

Con el ocaso del mundo clásico, Europa se sume en un periodo oscuro para el conocimiento. Con la fragmentación del Estado y la disolución de las responsabilidades de la res pública, los ciudadanos romanos pasan de ser sujetos jurídicos de pleno derecho a convertirse en súbditos con lazos de vasallaje (y servidumbre en el peor de los casos).

Ruinas de San Galgano
Ruinas de San Galgano

Entramos en el feudalismo dominado por la sociedad estamental rígidamente marcada por sus funciones, diferencias y privilegios. Serán siglos eclipsados por las oleadas bárbaras que culminan con el Imperio Carolingio en el corazón de Europa, prácticamente paralelo a la consolidación del  Islam en la Península en el siglo X con el Califato Andalusí.

Desde entonces Europa supera su propia catarsis interna encontrando la solución a las disputas señoriales con las cruzadas y la liberación de los Santos Lugares en Oriente Próximo.

La Edad Media corresponde a un periodo oscuro para la ciencia y el conocimiento

Son tiempos de claros y oscuros para el devenir del ser humano.

Superados los terrores apocalípticos del año 1000 (que además en el suelo peninsular coinciden con las terribles campañas de Almanzor), España y la propia Mancha se convierten en territorio de frontera con el avance de los reinos cristianos hacia el sur.

Puerta lateral de la mezquita de Córdoba, símbolo del esplendor cultural de Al-Andalus
Puerta lateral de la mezquita de Córdoba, símbolo del esplendor cultural de Al-Andalus

Pese a todo, las mejoras en la agricultura, la apertura hacia nuevas rutas de comercio, el crecimiento de las ciudades permiten un crecimiento demográfico en la Europa Medieval de los siglos XII y XIII.

La peste negra en Europa

1347 es la fecha que marcará un punto de inflexión en la Europa medieval. Una terrible pandemia que acabará con el 20 % de la población mundial marcando el imaginario popular colectivo del momento.

La fugacidad de la vida invitará a unos al carpe diem, disfrutando de los placeres cotidianos de la propia vida. Otros, hallaron respuesta y consuelo en la religión donde la medicina y la ciencia no encontraron respuesta.

Las danzas de la muerte

La peste puso rostro a la muerte, y no hubo región, ciudad, o villa en el medievo donde la guadaña no segará la vida de algún miembro de la familia.

Nada más “democrático” que la propia muerte que a todos iguala. Nobles y ricos, reyes y obispos o pueblo llano afrontaron cara a cara su llegada. Una visión gótica que hoy hemos heredado en su completo tenebrismo.

Danza macabra
Danza macabra

La mejor expresión está en las Danzas de la muerte. Se trata de viejas danzas donde todos los estamentos bailan “frivolizando” con la muerte, expresando así la transitoriedad del mundo terrenal.

La vanitas barroca

Como sucede con el ocaso del mundo clásico, al periodo del Renacimiento le sigue en Europa una corriente de pensamiento caracterizada por su inclinación hacia la maniera, deformidad y ambiguo.

El triunfo de la Muerte. BRUEGEL EL VIEJO, PIETER. Museo del Prado
El triunfo de la Muerte. BRUEGEL EL VIEJO, PIETER. Museo del Prado

El barroco hereda la superación de los cánones clásicos  hacia la expresión más visceral y desahogada del alma humana.

Es un periodo, sobre todo en el reino hispánico, sujeto a las penurias sociales y hambrunas con una Europa, agotada física, demográfica, moral y económicamente en las Guerras de religión que asolaron el continente.

Finis gloriae mundi de Juan Valdes.Iglesia del Hospital de la Caridad
Finis gloriae mundi de Juan Valdes. Iglesia del Hospital de la Caridad

Curiosa y paradójicamente, en aquella Castilla, devorada por las bancarrotas, peste y hambrunas, dio lugar a uno de los periodos más florecientes en el arte y las letras con el llamado Siglo de Oro.

Aquí, el arte,  ha sido testigo fiel de cómo la mentalidad barroca afrontaría la muerte. Se hace patente nuevamente la fragilidad del ser humano que afronta la muerte de manera trascendental.

Es el tempus fugit latino que asocia la rapidez del tiempo a la propia fugacidad del ser humano. Numerosas obras de arte en el barroco aluden ahora a la transitoriedad de la vida, plasmadas plásticamente en los cuadros de Antonio Pereda o el sevillano Juan de Valdés Leal.

Su composición dramática y su estética lograda con el juego de luces y sombras aportan a estos cuadros de una interesante visión de la muerte, tan cercana también a los versos de los poetas coetáneos: Quevedo, Gongora, etc

La muerte en el Romanticismo

Habría que esperar a siglos más tarde con el Romanticismo para encontrar ese flirteo directo con la muerte en nuestra pasado.

Una conversación cultural con la muerte que, salvo en lugares puntuales como Galicia donde celebran el samhain celta, tiene ya referentes más consolidados. Aquí entra en juego toda la literatura del terror que hunde sus raíces en el terror gótico y las viejas leyendas medievales a las que nuestros escritores del siglo XIX fueron tan permeables: Becquer, Zorrila y su Juan Tenorio, etc.

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