Fachada orientada a La Mancha del Castillo de Almonacid
Fachada orientada a La Mancha del Castillo de Almonacid

Visitamos las antiguas fortalezas de Almonacid, Mascaraque y Peñas Negras, para revivir la génesis medieval de La Mancha toledana.

Enclave estratégico del castillo de Almonacid

Evidencias pétreas de un pasado mayor, el castillo de Almonacid sorprende al visitante en sus dimensiones. Los primeros rastros documentales de su origen se remontan al iglo IX, en el año 848, con la edificación musulmana. A solo una jornada de caballo (20 kms) de la capital toledana, su papel fue crucial como bastión defensivo en el camino de penetración hacia La Mancha.

De hecho, desde el promontorio que domina el castillo, se divisa la llanura manchega hasta donde abarca la vista en el horizonte. Un océano de olivos, salpicados de algún barbecho, algunas fanegas de trigo y las primeros viñedos que tapizan de color los campos de ‘La Manxa’ (tierra seca), como algunas fuentes históricas de origen musulmán asocian la toponimia manchega.

Vistas panorámicas desde el Castillo de Almonacid
Vistas panorámicas desde el Castillo de Almonacid

“Era la defensa de la ciudad de Toledo”, sostiene Oliva Díaz, edil de turismo, el castillo de Almonacid la vocación defensiva y militar era clara, inspirada en las fortalezas o ‘ribat’ de las huestes bereberes del norte de África. Una corriente religiosa que, siglos después, inspiraría a los temibles almorávides en sus incursiones en la península.

“La práctica equidistancia de Almonacid con Toledo y Consuegra, situaban a este castillo como la puerta de entrada a la llanura manchega”

Bastión defensivo en el siglo XI

Nos enmarcamos ya en el siglo XI. Una centuria preñada de hazañas, leyendas y trovadores, que cantaran las venturas del mismísimo Cid Campeador. Paladín caballero, enviado al exilio por Alfonso VI, monarca que recuperaría la ciudad toledana a manos cristianas en el 1085. Precisamente, el castillo de Almonacid pasaría a los dominios del monarca castellanoleonés en aquel periodo.

“Almonacid, Mascaraque y Peñas Negras conforman una red de castillos de vital importancia para entender la Edad Media en Toledo”

Con planta de estructura irregular, perfectamente a adaptado al terreno, el castillo de Almonacid presenta una adaptación defensiva de sus fachadas. “Las que miraban hacia La Mancha eran de mayor solidez defensiva, con torreones semicirculares y mayor número de troneras y saeteras. Viendo además la dimensión de sus muros exteriores, y el foso, (hoy cegado por sus propios derrubios) cabe imaginarse al castillo de Almonacid como una fortaleza colosal e inexpugnable”, matiza Oliva Díaz.

El interior, en estado de ruinas presenta un extenso patio de armas, con una torre del homenaje coronada en bóveda de cañón, todavía majestuosa en sus estructuras. Se localizan también varios aljibes de agua y alguno de cereal que harían más llevaderos los largos asedios.

Déclive del castillo de Almonacid en el siglo XIX

Resistió el envite de los siglos pero sucumbió al poder destructivo de la pólvora ya en el siglo XIX. Como bromea, Oliva Diáz, “muchos paisanos de Almonacid están orgullosos de ver el nombre de su pueblo (800 habitantes), aunque sea en las inscripciones de las victorias de Bonaparte en el arco de triunfo de París”. En la batalla, el castillo no resistió a la artillería, ni tampoco las voladuras intencionadas que realizaron las tropas fernandinas en su huida. Unas heridas que se añaden a las posteriores, más lacerantes, cuando en 1839, un decreto municipal decidió convertir al castillo en cantera natural para las viviendas de particulares durante el siglo XIX. “Hasta la misma iglesia parroquial del pueblo tiene sillares del castillo”.

Su misión como baluarte defensivo fue crucial y se entiende en el complemento que supone la red de fortalezas vecinas, situadas en apenas un radio inferior a los 15 kilómetros. Desde las almenas de Almonacid en una ronda de guardia se divisa el otro bastión clave: el castillo de Peñas Negras.

Roquedo defensivo en Mora

Con una planta irregular, el castillo de Peñas Negras responde al modelo de fortaleza medieval ‘gran buque’. Sobresale su  cuadrangular torre del homenaje dentro estado de abandono que presenta toda la estructura. Se ubica en un escarpado cerro con difícil acceso, todavía hoy día, que domina las vistas de la provincia toledana en dirección a la llanura manchega, conectando visualmente con el vecino castillo de Almonacid.

Interior del Castillo de Peñas Negras en Mora
Interior del Castillo de Peñas Negras en Mora

Su historia es paralela,  a los siglos convulsos de la Edad Media, pasando de la cruz a la media luna islámica en sus banderas, o lo que es lo mismo de manos castellanas a las almorávides y posteriormente almohades, en su condición de enclave estratégico como tierra de frontera.

Su misión “no puede entenderse si no es en conjunto, junto al castillo de Almonacid, como red defensiva”.

Mascaraque, casa fuerte de los Padilla

Pequeña en dimensiones, Mascaraque esconde en su trazado una pequeña joya bajomedieval, reducto de los ecos comuneros. Rescatado del olvido y su ruina, en 1980, tras pasar a manos privadas, el castillo de Mascaraque responde a la arquitectura defensiva de naturaleza puramente militar. Una génesis castrense imbuida en los siglos de contienda que definen la historia medieval en Castilla.

Castillo de Mascaraque
El Castillo de Mascaraque del periodo bajomedieval fue restaurado en el siglo XX

Al contrario que otras estructuras castellanas de otras zonas de Europa, como el Loira francés, la vocación de los castillos en la península no es residencial ni mucho menos palaciega. Incluso, aún con el transcurso de los siglos, conforme la frontera fue descendiendo más al sur, y La Mancha perdió su carácter de frontera, la sobriedad se mantuvo trasladando esa robustez a su planta y muros más aptos para la defensa que el cortejo cortesano. 

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