Los juegos de mesa han regresado, si es que alguna vez se llegaron a ir. Además, el frío otoñal nos hace pasar más tiempo en espacios cerrados. Es lo que ocurre con las casas rurales, a las que cada vez acuden más grupos de jóvenes a pasar los fines de semanas.

En estos refugios, lo habitual es amenizar los mejores momentos entre amigos con algún pasatiempo común, alejado del mundo digital. Y ahí, los juegos de mesa ganan por goleada. Uno de los aderezos más sugerentes para acompañar la partida es una buena copa de vino.

¿Blanco o tinto? ¿Jóvenes o tradicionales? Esta semana os traemos recomendaciones vinícolas para disfrutar al máximo de vuestro juego de mesa predilecto.

Sushi para los blancos jóvenes

La moda del sushi ha llegado también a los juegos de mesa. Prueba de ello es Sushi Go! (Devir), un juego sencillo a la par que divertido. Los participantes -hasta cinco por partida- tienen que elaborar en varias rondas un menú de comida japonesa en el que no faltarán tempuras o gyozas. Además, las partidas suelen durar un cuarto de hora, lo que lo convierte en ideal para pasar un rato entretenido y sin grandes pretensiones.

Un buen maridaje para el sushi son los blancos jóvenes de la DO La Mancha. De hecho, en Japón cada vez se consumen cada vez más. Servidos a una temperatura de entre 6 y 8ºC, su aroma y frescor suponen toda una experiencia para el paladar. Algo que los hace también especialmente atractivos entre jóvenes. Sobre todo, en ambientes festivos, como pudimos ver este verano en festivales manchegos como Festival de los Sentidos o Zeporock.

Aventureros… ¡al vino!

¿Y si emulamos a Phileas Fogg? Es lo que nos propone ¡Aventureros al tren! (Zacatrus), que toma el testigo del clásico de Julio Verne La vuelta al mundo en 80 días. ¿Cómo? Este juego nos lleva a 1900, 28 años después de la mítica hazaña, donde se propone un nuevo reto: visitar el mayor número de ciudades en una semana. Eso sí, solo se puede ir en tren.

¿Qué mejor forma de revivir un clásico que con un tradicional DO La Mancha? Están elaborados con el sistema de siempre pero, al igual que ocurre con la novela de Verne y ¡Aventureros al tren!, ha sido mejorado por algunas innovaciones tecnológicas. Los blancos y rosados se sirven a una temperatura de entre 7 y 9ºC, mientras que los tintos hacen lo propio con entre 10 y 13ºC. ¿Con cuál te quedas para esta experiencia ferroviaria?

Comerciar en barricas

Quien no haya oído hablar de Catán (Devir), probablemente viva en una realidad paralela en la que los juegos de mesa no existen. De origen alemán, ha supuesto todo un fenómeno en el sector, gracias a su adaptabilidad y complejidad. Las partidas, que se pueden alargar durante horas, suponen todo un desafío en el que hay que construir ciudades con todas sus infraestructuras, mostrando también las habilidades comerciantes de los jugadores.

Una gran opción para enriquecer estas partidas son los envejecidos en barrica de la DO La Mancha. Guardados en barrica durante al menos dos meses y servidos a entre 10 y 15ºC, se trata de unos vinos de degustación y asimilación lenta. Sin duda, el mejor maridaje para una absorbente partida de Catán.

La crianza de Risk

Otro clásico atemporal de los juegos de mesa. Desde hace más de medio siglo, Risk (Hasbro) se ha colado en las casas de medio mundo. Entre sus principales reclamos, una dedicación absoluta durante varias horas y auténticos quebraderos de cabeza para lograr una estrategia ganadora.

Un buen refrigerio para las contiendas de Risk son los crianza manchegos, envejecidos de forma natural durante dos años. De ese tiempo, al menos seis meses se conservan en barrica de roble, lo que les propicia ese gusto tan característico. Su temperatura de servicio, de entre 15 y 18ºC, es ideal para un consumo sosegado mientras disfrutas de este juego de mesa.

El Gran Reserva de los juegos de mesa

Este post no podía acabar de otra forma: con el gran reserva de los juegos de mesa en España. Hablamos, en efecto, del parchís. Un pasatiempo que tiene su origen en la India en el siglo XVI y que se fue extendiendo por todo el mundo, contagiándose de las peculiaridades de cada país.

Los Gran Reserva de la DO La Mancha también llevan una buena temporada en conserva, pero no tanto como el parchís. Su envejecimiento es de 5 años, en los que cambia el soporte: los primeros 18 meses en barrica, el resto en botella.

 

 

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