La variedad Airén recogida marca el tramo final de la vendimia en en DO La Mancha

En los meses de vendimia cada pueblo revive su pasado y vuelve a sus orígenes. La suerte de haber nacido en una región vitivinícola se recuerda constantemente en estas fechas. La vendimia y la posterior elaboración del vino suponen una de las mayores fuentes de trabajo e ingresos de nuestra región, y así lleva ocurriendo un sinfín de años atrás.

Vendimia: fechas esperadas en los pueblos

Las calles, repletas de tractores con sus remolques o bañeras, recuerdan a la localidad entera la importancia de las fechas en las que nos encontramos: ha llegado la vendimia. El olor a mosto se combina con el humo de los tractores provocando que esta época del año tenga un olor especial. Por la mañana, aún sin haber amanecido, se ven panaderías abiertas, vendimiadores con mochilas dirigiéndose a la nave o casa del capataz…

Tijeras de vendimia en un viñedo DO La Mancha

Aún hace fresco, pero las furgonetas ya se dirigen hacia la viña, cargadas de mochilas con almuerzos y vendimiadores con su herramienta. Todos dispuestos a trabajar, ya conocedores de la rutina que supone afrontar un día más en el campo, vendimiando.

Aquello que un día fue una mula tirando de un carro, hoy se ha convertido en una máquina poderosa capaz de tirar de un enorme remolque, lleno hasta arriba. Aquello que se llamaba quintería, hace décadas se quedó obsoleto. Eso que un día fueron tinajas, hoy son gigantes depósitos con capacidad casi infinita. La forma de vendimiar cambia, las ‘cuadrillas’, menos.

Si hay algo que se conserva intacto es el buen humor entre compañeros de trabajo

Los cambios que ha sufrido

Innumerables han sido las mejoras técnicas en lo que se refiere a herramientas de transporte y/o elaboración, así como las innovaciones tecnológicas en el campo: nuevas técnicas de poda y regadío, facilidades a la hora de vendimiar y mejora de sueldos…

Pese a los cambios que ha sufrido tan tradicional trabajo, aún se conservan ciertos aspectos, aunque mermen con el paso de los años. Tanto es así, que, hace no muchos años se paralizaban los pueblos en vendimia. La cosecha traspasaba el campo, haciéndose notar de punta a punta de la localidad. Los colegios e institutos, semivacíos por los jóvenes que debían vendimiar y empezarían más tarde el año lectivo. Trabajadores que se pedían vacaciones para poder echar una mano en la cosecha, niños que acompañaban a los padres a la viña… Los factores que no cambian se pueden encontrar en las ganas de trabajar y de sacar adelante nuestra tierra, intactas con el paso del tiempo.

Imagen de antigua vendimia en La Mancha con mulas

Pero si hay un factor que ha salido totalmente ileso del paso del tiempo, indemne de la modernización, ese factor es el amor por la vid, y en general, el amor por la viticultura que todos compartimos.

Unas viñas donde antiguamente vendimiaron nuestros abuelos y tatarabuelos y que, durante años, ha pasado por plagas, podas, vendimias, almuerzos, quejas, dolores de riñón, tijeras, tranchetes, cortes, enfados, broncas e incluso llantos… Unas viñas que en estas fechas, se vuelven a llenar de jornaleros dispuestos a llenar los remolques. Todo esto, sumando el posterior trabajo en las bodegas y cooperativas, para que podamos disfrutar de tan preciado bien como es el vino.

 

 

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