Maridaje de vinos con el tradicional ‘Roscón de Reyes’

Tradición ancestral que congrega a los celebrantes en la víspera de la llegada de los Reyes Magos, el famoso roscón de reyes supone el cenit gastronómico a varias semanas de atracones en comidas, cenas y celebraciones culturales. Se trata de una rosca con forma de corona, con base de bollería artesanal, en cuya superficie suelen colocar fruta escarchada y frutos secos. Conocido por ser también origen de bromas y chanzas por las sorpresas de su interior, el roscón de reyes se toma en el día de reyes o noche previa. Los más golosos lo acompañan de una taza de chocolate caliente; a lo que nosotros proponemos una copa de vino en armonía familiar y maridaje.

Todo depende de cómo, cuando y con quien se vaya a tomar. Si la compañía es nocturna y festiva (la noche de Reyes se celebraba intensamente en Madrid durante el siglo XIX), lo más apropiado es un copa de espumoso semiseco. El carbónico natural actuará, ese caso como perfecto acompañante para endulzar el postre tan apetecible, por cierto, en altas horas de la madrugada.

Si optamos por tomar el roscón en ambientes más relajados, durante la sobremesa del mismo día 6 de enero, lo más adecuado podría ser un blanco dulce moscatel junto al café. Supondrá el culmen para los devotos del dulce.

Origen pagano en la Roma

Se asocia su consumo a la festividad (o la noche en la víspera del 5 de enero) con la Epifanía, es decir, la llegada y Adoración de los Reyes Magos al niño Jesús, el 6 de enero.

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En origen, como sucede con el germen en fechas de la Navidad, el roscón hunde sus raíces en las fiestas paganas de la Antigua Roma, concretamente, según las fuentes clásicas, a las fiestas de las Saturnales. Convocadas en honor al dios Saturno (protector de la agricultura), estas celebraciones festejaban el cambio de adaptación al horario solar y por ende, los cambios de ciclo agrícola con las cosechas. En ese momento, las jornadas diurnas se volvían paulatinamente más largas, con un triunfo simbólico de la luz (= redentor y Mesías, según la posterior terminología cristiana) sobre las tinieblas. Estas fiestas solían prolongarse durante los meses posteriores en enero y febrero. El año romano acababa en febrarius, mes previo a marzo, dedicado a Marte, dios de la guerra en advocación de las campañas militares.

Durante las saturnales, los amos se permitían alguna licencia con sus esclavos. En la llamada ‘Fiesta de los Esclavos’, muy popular era una conocida torta, rellena de frutos secos, en la que se introducía una haba en el interior. El agraciado con su hallazgo resultaría bendecido con la felicidad para el resto del año.

Siglos después, el Cristianismo adoptará en su calendario las fechas de las Saturnales desvirtuando su significado. La torta pasaría a ser un bollo, donde se mantuvo el haba. La costumbre se guardó con celo en reinos como el francés, donde perduraría especialmente en ambientes cortesanos. Dicen que fueron los reposteros reales de Luis XV quienes introdujeron un valor añadido en este roscón, con forma de corona. La moneda de oro en su interior desplazó en dicha y jolgorio al haba, que pasó a ser objeto de mala suerte. Hoy, incluso, se dice que aquel que lo encuentra tiene que pagar el roscón. Mientras que la famosa monedita ha sido sustituida por una simpática figurilla de cerámica, que a más de uno le habrá deslucido los empastes en su mordisco glotón.

 

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