El queso es un alimento especial y parte de la gastronomía manchega. Ese queso manchego hecho a partir de la calidad de la leche de nuestras ovejas consigue sacarnos una sonrisa y abrirnos el apetito.

Desde aquel momento en que un pastor africano llenó su bolsa de leche y se dio cuenta de que cuajaba- y no solo eso, sino que, además, era algo delicioso-, la forma en la que se elabora también ha ido cambiando y evolucionando, adecuándose a las nuevas tecnologías. Aun que no solo eso. Con el paso del tiempo también ha ido variando la forma en la que se sirve.

En esto del queso no existen posiciones intermedias, blanco o negro, lo odias o lo adoras. Incluso hay quienes consideran el olor un parámetro de calidad: a peor olor, mejor sabor.

Queso y maridaje

Más arriba, en la foto, el queso que aparece protagonizando el plato es queso manchego, cortado en lingotes, rebozado y frito, servido con pulpa de higos y aderezado con aceite al perejil. Los amantes del queso saben que su mejor aliado es el pan y el buen vino, más aún si ese vino pertenece a La Mancha.

El maridaje de queso varía en función del queso y, obviamente, de los gustos personales. Desde los vinos crianzas de Tempranillo a los Blancos Airén, desde un fresco a un semicurado, las fusiones van variando.

Recomiendo pues acompañar a un queso curado de un Tinto Reserva, un queso manchego en aceite- si no pica mucho- de un Gran Reserva. O, porqué no, puedes descorchar un Crianza de La Mancha, algo desconocido pero de gran sabor y aroma. En cualquier caso, apostaría por un tinto que tenga paso por barrica, del que se pueda apreciar el toque de la madera.

Servicio

Al contrario que los vinos blancos, los tintos deben estar a mayor temperatura para apreciar más sus peculiaridades. Conforme más tiempo haya pasado ese caldo en barrica, más alta es la temperatura. Asimismo, el Crianza debería estar a unos 15ºC mientras que el Reserva o el Gran Reserva a unos 17ºC.

En los tres casos recomiendo utilizar una copa tipo borgoña. Su gran embocadura permite oler mejor los aromas terciarios y la madera de la barrica.

Un dato curioso…

Para finalizar, me gustaría sacar a relucir el refranero español. Tradicionalmente se ha utilizado la expresión “qué no te la den con queso”, pues bien, esta expresión tan popular en nuestro país nace de la astucia de un bodeguero, quien daba al catador queso junto al vino para anular al paladar de este con vistas comerciales- su lactosa anula muchos sabores del vino y hace que casi todos se parezcan mucho-.

De todas formas, lo importante aquí es acompañar al maridaje con buena compañía y bueno humor, y así, disfrutar de todo lo que el vino puede ofrecer.

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