Forman parte de la propia idiosincrasia de los pueblos, adheridos al terruño determinado, expresan las señas de identidad de las gentes que viven, sienten y entienden la viticultura, como legado común, vieja herencia de la Antigua Roma, pero con los rasgos propios marcados por cada cultura, cada tradición, y hasta cada pueblo o bodega.

Por ello, aquel visitante que quiere bucear en las fuentes más propias y originales de aquel entorno que visita, comienza por apreciar la singularidad de sus paisajes, la riqueza patrimonial y artística de sus monumentos para finalmente sentarse a degustar sus encantos culinarios. La manera de consumir los recursos del entorno en plena armonía con los vinos del viñedo más próximo conforman las raíces más esenciales y placenteras para todo turista gastronómico. Un turista del siglo XXI que busca experiencias: aprecia una postal, una estampa, una obra de arte;  degusta un plato y aprecia sus vinos.

 

vino con molino

Es entonces, cuando cobra mayor sentido aquella cita del escritor Manuel Vázquez Montalbán: Un pueblo que no bebe su vino tiene un grave problema de identidad”.

Ahora bien, ¿Cuándo confiar y exigir la Denominación de Origen en un vino?

En efecto, la Denominación de Origen no es sino la garantía, sello de calidad diferenciada (no solo en vino, también en otros productos como el aceite, el queso, etc) para el consumidor que aprecia en la diversidad (de vinos que hay en España: 700.000 ha de viñedo y 61 Consejos Reguladores, según el CECRV)  la propia unicidad del vino aquella zona vinícola que visita.

Esa protección o sinceridad para el consumidor viene amparada y certificada por el Consejo Regulador, el órgano encargado de velar, defender y aplicar lar normativas (pliego de condiciones) para esos vinos elaborados por aquellas bodegas acogidas a una determinada Denominación de Origen.

copa cepa

Dicha garantía o marchamo de calidad viene acreditada en cada botella por una contraetiqueta o tirilla. Cada propio Consejo Regulador estipula la normativa en su formato y aparición para cada botella.

 

cata de vino blanco

 

Ahora bien, las bodegas no pueden, a su libre albedrío, embotellar toda su producción por mero capricho comercial. Hasta la más mínima botella debe estar sometida a unos estrictos controles de certificación:

  • Físico-químicos: a través de análisis en laboratorio, las muestras recogidas en la bodega son sometidos a controles de calidad.
  • Organolépticos: un panel de cata controla y evalúa la calidad de los vinos, asegurando unas exigencias de alta calidad de cara al consumidor.
  • Revisión documental: siguiendo además las pautas de la propia Unión Europea para la industria agroalimentaria, y más aún, en las normativas referidas a los productos con protección geográfica, los vinos con Denominación de Origen se someten también a una estricta revisión documental que seguirá la trazabilidad del producto, esto es, un seguimiento real que podrá llevar de la botella a la parcela y de la parcela del viticultor hasta la bodega, estableciendo el itinerario final del proceso para esa “garantía de origen”.

 

Además, cada Denominación de Origen establece su propio pliego de condiciones  o normas de producción, donde, por ejemplo, entre otros aspectos, se establecen los rendimientos por hectárea o las normativas estrictas para que el vino pueda ser Denominación de Origen. Por ejemplo, un tinto crianza de La Mancha, “deberá acreditar un período mínimo de envejecimiento será de 24 meses, de los que al menos seis habrán permanecido en barricas de madera de roble de capacidad máxima de 330 litros”.

tirillas-do-la-mancha-2i

 

¿Y cuándo sabremos que estamos ante un vino de La Mancha?

Sencillo, mira su tirilla. Es el propio DNI del vino. Cada una de ellas, tiene su propio número de serie.

Además, la inmortal y universal silueta del Quijote, montado en Rocinante, nos ayuda a recordar mejor aún la propia zona de Denominación.

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