Una de las virtudes que hacen tan especiales a los vinos, es su singularidad. Cada terroir, variedad, añada… hacen de descorchar una botella, un momento único e irrepetible. Es por ello, que para convertir el momento de la cata en un deleite para los cinco sentidos, debemos asegurarnos de escoger un vino de categoría; un vino que desprenda los mejores aromas y sabores de su tierra y que, con cada sorbo, puedas descubrir su esencia. Así pues, en este post, dejamos algunos tips para iniciarte como catador y reconocer vinos de calidad; vinos de la Denominación de Origen La Mancha, los cuales se convertirán en tu bebida de calidad favorita.

La historia de una tierra, narrada a través de la vista, el olfato y el gusto

Los aromas de La Mancha en sus vinos

Que el vino haya logrado sobrevivir como bebida magna desde tiempos (casi) inmemoriales, da a entender sus diferencias con respecto a otras bebidas. De hecho, hay lugares cuya historia y perdurabilidad ha girado en torno al vino, logrando inmiscuirse en su cultura, arquitectura, tradiciones y gastronomía. Y, precisamente, la región de La Mancha, inmersa en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha (Meseta Central de la Península Ibérica), es un buen ejemplo de ello.

Las fases de una cata

Antes de describir alguna de las características organolépticas más representativas y distintivas de los vinos de La Mancha, refrescamos brevemente las tres fases que componen una cata.

Fase visual

Fase visual, vino en barrica DO La Mancha

A grandes rasgos, es describir el vino tal y como se nos presenta en la copa; agarrando esta última por el tallo con las yemas de los dedos, para no interferir en la temperatura del vino. Inclinando la copa, lo primero es fijarse en su color para observar su limpidez y brillo. Los vinos tintos ofrecerán tonos amoratados, cereza, violáceos y teja, entre otros.

Por su parte, los blancos serán amarillos pajizos, verdosos, dorados, etc. Los rosados tendrán tonalidades rosas frambuesa, pálido o salmón. Es habitual fijarse en los ribetes del vino, cuyos colores suelen variar. Además del color, la capa  deja entrever la opacidad de los mismos. Respecto a los espumosos, es importante también fijarse en la consistencia de su burbuja y su rosario.

Fase olfativa

Fase olfativa, vinos de La Mancha

Esta fase se divide en dos partes: distinguir los aromas con la copa quieta y agitarla. Con la primera parte, los aromas primarios saldrán a relucir. Por consiguiente, tras agitar la copa, el vino desprenderá sus aromas secundarios y, si ha tenido crianza en barrica, los terciarios.

La variedad aromática de un vino es casi incontable, por lo que podremos distinguir algunos tan diferentes entre sí como aromas frutales, herbáceos, florales, minerales, a panadería, etc. Cabe destacar que los aromas primarios provienen de la propia variedad de uva; los secundarios, de la fermentación; y los terciarios, de la crianza.

Fase gustativa

Fase gustativa, vinos de La Mancha

Es, quizás, la parte más placentera para muchos. Un pequeño sorbo, descansado en la boca por unos segundos, es lo ideal para apreciar las cualidades del vino. Los principales sabores (dulce, salado, amargo y ácido) no deben sobresalir unos sobre otros para encontrar armonía y hablar de un vino ‘redondo’.

A partir de ahí, comprobamos su longitud, es decir, su persistencia en boca. Si el sabor se siente más de 6 segundos, por lo general hablamos de un vino de persistencia alta. Respecto a los sabores, su variedad es muy numerosa. Entre los más destacados, están las frutas (tropicales, blanca, madura…), vegetales, maderas y especias.

Aprende a reconocer los vinos de La Mancha

Variedades vinos con DO La Mancha

Después de siglos dedicados a la vitivinicultura, por la excelente adaptabilidad de la vid al lugar, dando frutos de cualidades organolépticas superiores, los vinos de la Denominación de Origen La Mancha son reconocidos y valorados en los cinco continentes. Su gran extensión (la más grande del mundo), así como sus 28 variedades acogidas, les permiten conseguir una gran variedad de vinos para todos los gustos.

Entre sus cualidades, destacan por ser vinos equilibrados, fáciles de beber y en los que sobresale su carácter afrutado. Sin embargo, según su tipo, podemos especificar, un poco más sus cualidades:

  • Tintos: Ya sean jóvenes, roble, crianza, reserva o gran reserva, destacan por su gran cuerpo e intenso sabor. La variedad Tempranillo o Cencibel es la más característica de la zona y destaca por su magnífica calidad.
  • Blancos: Son vinos generalmente secos y ligeramente dulces. De buena acidez, sus colores adquieren tonalidades pálidas que denotan su juventud, aunque también se elaboran blancos envejecidos en barrica y crianzas sorprendentes. Desprenden aromas muy agradables. En La Mancha, la variedad blanca reina es la Airén, aunque se cultivan otros 12 tipos de uva blanca.
  • Rosados: Estos vinos cuentan con una gran presencia en sus bodegas. Son vinos sencillos y jóvenes, de tonos rosáceos o rojos tenues, que cuentan con aromas intensos, sabores frutales y a golosinas.
  • Espumosos: Aunque este tipo de vino es el de más reciente elaboración en La Mancha, sus bodegas han sabido cómo perfeccionar el método tradicional champenoise, logrando vinos cuya calidad y sabor es indiscutible. Elaboran espumosos secos, semi-secos, dulces, extra-secos y extra-brut, que destacan por rosarios finos y continuos, que en boca y nariz sobresalen por su cremosidad y esencia afrutada.

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